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1 de Octubre de 2019
Comportamiento animal

¿Dónde depositan las ranas los renacuajos?

Al escoger las charcas más lejanas, reducen el riesgo de endogamia y de hallar competidores.

Una rana macho provista de un radiotransmisor lleva a cuestas sus renacuajos. [ANDRIUS PAŠUKONIS, UNIVERSIDAD STANFORD]

Cuando los renacuajos de las ranitas dendrobátidas nacen de los huevos depositados en la hojarasca de la selva, se encaraman a lomos de sus pacientes padres, que los llevan a cuestas hasta el agua. Zoólogos que estudian en la selva amazónica estos anfibios de vivo colorido, a veces llamados ranas de dardo venenosas, han descubierto hace poco que los progenitores pasan de largo de las charcas próximas y prefieren otras más alejadas, un desplazamiento que supone un gasto de energía valiosa. A veces llegan a recorrer hasta 400 metros, a tenor de lo descrito en Evolutionary Ecology en julio. «Es un trayecto bastante largo», asegura el autor del estudio, Andrius Pašukonis, biólogo de la Universidad Stanford.

Él y sus colaboradores instalaron diminutos radiotransmisores con forma de pañal en siete ranas de dardo trilistadas (Ameerega trivittata) de Perú y 11 ranas de dardo tintoreras (Dendrobates tinctorius) de la Guayana francesa. A través de las señales de radio captadas trazaron el recorrido en 23 desplazamientos y anotaron cada vez que los padres cargados con su prole pasaban de largo de una charca o depositaban sus crías.

Las ranas trilistadas viajaron más lejos, cubriendo una media de 215 metros, cuando la charca más cercana estaba en promedio a solo 52 metros de su territorio. Las tintoreras viajaron en promedio unos 39 metros, dejando atrás charcas que estaban a una distancia media de 19 metros. Dos llegaron a abandonar la protección de la selva para depositar a sus renacuajos en prados inundados.

Pese al coste energético y al alto riesgo de topar con depredadores, el elegir charcas distantes para los renacuajos brindaría ventajas evolutivas, como reducir el riesgo de endogamia y la competencia por los recursos, explica Pašukonis. Aun así, resulta difícil decir qué impulsa exactamente a estas ranitas a ir más lejos, matiza la neurobióloga Sabrina Burmeister de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, investigadora de la cognición de las ranas venenosas, que no ha intervenido en el nuevo estudio.

Los resultados podrían ayudar a proteger los anfibios amenazados por la desaparición de su hábitat. «Conocer las áreas de campeo y el tipo de entornos que frecuentan, y por qué lo hacen, reviste suma importancia para cualquier campaña de conservación», aclara Burmeister.

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