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1 de Octubre de 2019
Astronomía

El mayor ojo del planeta

El Telescopio Extremadamente Grande observará el cosmos con un detalle sin precedentes, desde el sistema solar hasta las primeras estrellas del universo.

Cae la noche: Recreación computarizada de un atardecer en el Telescopio Extremadamente Grande (ELT), en Chile. [ESO/L. CALÇADA]

En síntesis

El Observatorio Europeo Austral (ESO) ha comenzado a construir en Chile el Telescopio Extremadamente Grande (ELT). Con un espejo primario de casi 40 metros de diámetro, se convertirá en el mayor telescopio óptico de la historia de la astronomía.

El ELT comenzará sus operaciones en 2026. Sus colosales prestaciones le permitirán ver objetos sumamente tenues y lejanos con una resolución de milisegundos de arco. Gracias a ello, se espera que sus observaciones transformen todos los campos de la astronomía y la astrofísica.

Construir y operar un telescopio de tales proporciones presenta todo tipo de desafíos. Los principales atañen a la fabricación de los espejos y a la corrección de las perturbaciones, tanto las que sufrirá el propio telescopio como las inducidas por la atmósfera.

En 1610, con un pequeño telescopio de pocos centímetros de diámetro, Galileo apuntó al cielo y contempló por primera vez las lunas de Júpiter. Aquel hito comenzó a revelar la verdadera estructura de nuestro entorno cósmico más cercano y supuso el nacimiento de la astronomía observacional: el estudio científico del universo por medio de instrumentos cada vez más potentes y precisos.

Desde entonces los éxitos no han dejado de sucederse. Tres siglos después de la hazaña de Galileo, la puesta en marcha del telescopio de 2,5 metros de diámetro del Observatorio de Monte Wilson permitió determinar la distancia a numerosas galaxias y constatar la expansión del universo. A finales de los años cincuenta del siglo pasado, el telescopio de 5 metros del Observatorio de Monte Palomar hizo posible descubrir la naturaleza de los cuásares, núcleos activos de galaxias que hoy los astrónomos utilizan para explorar los confines del universo observable. Y en 2004, el Telescopio Muy Grande (VLT) de 8,2 metros, en Chile, obtuvo la primera imagen directa de un planeta ubicado fuera del sistema solar.

Los ejemplos anteriores no constituyen más que una pequeña muestra de cómo la construcción de telescopios cada vez mayores nos ha llevado más y más lejos en nuestra comprensión del universo. Por esa razón, hace unos veinte años, la Organización Europea para la Investigación Astronómica en el Hemisferio Austral (ESO, más conocida como Observatorio Europeo Austral) inició los estudios para erigir el que dentro de poco se convertirá en el mayor telescopio óptico de la historia: el Telescopio Extremadamente Grande (ELT, por sus siglas en inglés).

Este gigantesco observatorio se levantará en Cerro Armazones, en el desierto chileno de Atacama, y se espera que vea su primera luz técnica en 2025. Además de poseer una instrumentación de vanguardia para efectuar todo tipo de análisis, la característica más notoria de este nuevo telescopio será su espejo primario, el cual medirá casi 40 metros de diámetro. Para hacernos una idea, eso quiere decir que ocupará un área similar a la de tres canchas de baloncesto. Tales dimensiones carecen por completo de precedentes en la historia de la astronomía y suponen un salto cualitativo con respecto a los mayores telescopios ópticos existentes hoy en día. Los dos telescopios del Observatorio Keck, en Hawái, y el Gran Telescopio Canarias, en La Palma (el mayor aparato de este tipo actualmente en funcionamiento), cuentan con espejos de unos 10 metros de diámetro y una superficie unas 14 veces menor que la que abarcará el espejo principal del ELT.

La construcción de un observatorio de semejantes proporciones plantea todo tipo de desafíos. Sin embargo, al igual que ha ocurrido otras veces en el pasado (como sucedió con la transición de los telescopios de 2 a 4 metros o, más tarde, de 4 a entre 8 y 10 metros), los avances en el campo han convertido dicho objetivo en un reto técnica y financieramente viable.

La razón científica para dar este salto se debe a que, en un telescopio reflector, como el ELT, el diámetro del espejo primario dicta dos características clave: la cantidad de luz que puede captar el aparato y su poder de resolución. La primera se traduce en la facultad para observar objetos muy tenues y distantes, mientras la segunda hace referencia a la capacidad para distinguir objetos muy próximos entre sí en la bóveda celeste. Las leyes de la óptica establecen que la captación de luz aumenta con el área del espejo, mientras que el poder de resolución lo hace de manera proporcional al radio. Como consecuencia, en el ELT estas cantidades serán, respectivamente, 14 y 4 veces mayores que en el Gran Telescopio Canarias.

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