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1 de Octubre de 2019
Educación

Marvin Minsky: pensar el pensamiento

Seis excelentes ensayos sobre educación de uno de los creadores de la inteligencia artificial.

INVENTIVE MINDS 
MARVIN MINSKY ON EDUCATION 
Marvin Minsky
Edición de Cynthia Solomon y Xiao Xiao
The MIT Press, 2019.

Marvin Lee Minsky (1927–2016) es especialmente conocido como uno de los padres de la inteligencia artificial, campo que fundó junto con John McCarthy y Claude Shannon en la Conferencia de Dartmouth del ya lejano 1956. Junto a Seymour Papert (1928-2016), destacado discípulo de Jean Piaget e inventor del lenguaje de programación Logo, Minsky creó el prestigioso Instituto de Inteligencia Artificial en el Instituto de Tecnología de Massachusetts. También se le deben el primer simulador de redes neuronales (1951), el casco de realidad virtual (1963) o el microscopio confocal (1957), habiendo contribuido además a un número destacado de especialidades como las redes neuronales, las descripciones gráficas simbólicas, la geometría computacional, la semántica computacional, la percepción mecánica o el aprendizaje simbólico. En muchos casos, Minsky fue un pionero que anticipó ideas y soluciones que se desarrollarían años después.

Persona de gran creatividad y potencialidades en campos diversos, Minsky dedicó toda su vida gran atención a la cuestión educativa, pues estaba interesado en analizar los procesos cognitivos que las personas experimentan desde la infancia como referencia para la creación de elementos con inteligencia artificial, y viceversa: se interesaba en cómo los usos computacionales, de todo tipo de programas y mecanismos, podían ayudar a desarrollar mentes más creativas. De gran interés, Inventive minds nos invita a conocer algunos de los pensamientos clave de Minsky sobre diversos temas educativos.

El primer acierto de la obra ha sido la labor de selección de los seis ensayos que la conforman, realizada por Cynthia Solomon y Xiao Xiao, y la decisión de complementar cada uno de ellos con un texto actual que, de la mano de prestigiosos expertos (Hal Abelson, Walter Bender, Alan Kay, Margaret Minsky, Brian Silverman, Gary Stager, Mike Travers y Patrick Henry Winston), contextualiza los escritos de Minsky y discute su vigencia. El desarrollo tecnológico se ha producido de forma acelerada desde que Minsky escribió estos ensayos y, por tanto, cierta revisión era imprescindible. También se nos presenta al autor en múltiples facetas personales, incluidas sus aficiones al dibujo, la música y las matemáticas.

Considere el lector estas seis preguntas: ¿pueden ser las computadoras y sus programas un instrumento para que los niños jueguen y descubran, como antes lo hacían con juegos de construcciones? ¿Qué es lo que dificulta el aprendizaje de las matemáticas? ¿Cuáles son las consecuencias de ordenar la educación segregando por edades? ¿Cómo enseñar a los niños buenas maneras de «pensar sobre el pensar», con nuevos actores motivadores o resolviendo problemas interesantes? Al cuestionar la educación en general, ¿qué tipo de habilidades deberían recibir mayor atención y qué cambios deberían producirse? ¿Cuáles son los temas y relaciones clave en educación, psicología y computación?

Si estas preguntas le han parecido interesantes, los seis ensayos de esta obra le proporcionarán respuestas. No es este un libro sobre tecnología, computación o robots, sino uno sobre procesos de aprendizaje y sobre la naturaleza de los sistemas (humanos o artificiales) con capacidad de aprender. Presenta ideas donde se entrelazan palabras mágicas como mente, pensamiento, aprendizaje, formación y creatividad, superando las rutinas carentes de motivación y apostando por la mente inventiva, lo que da título a la obra. Veamos a continuación algunos de los pensamientos clave que nos ofrece Minsky en ella.

A través de los juegos elementales de construcciones, como el Lego o el mecano, se puede invitar a los niños a desarrollar su creatividad sin límites. Con el programa Logo, de Seymour Papert, hay todo un mundo por descubrir. Y con programas más avanzados también: entender el funcionamiento de las computadoras y aprovechar sus programas ofrece hoy un gran recurso formativo.

Muchos estudiantes piensan que no les gustan las matemáticas, cuando, en realidad, lo que no les gusta es lo que se les enseña en clase y cómo se les enseña. Faltan visiones más amplias que las rutinas aritméticas, así como mapas conceptuales y cuestiones relevantes de la vida diaria que también «den sentido a aprender» geometría, lógica, mecánica, estadística, combinatoria, álgebra o topología, e incluso a aprender de los errores cometidos.

No es evidente que la actual organización escolar por grupos de la misma edad favorezca la formación de los niños. Otras posibilidades más abiertas y un nuevo papel de los profesores podrían dar más oportunidades de progreso personal y contextos mucho más enriquecedores que los actuales.

Dado que el pensamiento es el instrumento principal para todo lo que hacemos, merece la pena enseñar a los niños buenas maneras de «pensar sobre el pensamiento». La resolución de problemas y todas las estrategias posibles para abordarlos constituyen un gran recurso educativo, y en el caso de las matemáticas, un motor imprescindible. Seguir a profesores, mentores, guías o consejeros puede influir también positivamente.

Si la educación debe preparar para el futuro, merece la pena reconsiderar la actual organización educativa y sus programas. El desarrollo del pensamiento crítico, las habilidades cognitivas, el talento y los recursos mentales exige hoy nuevos enfoques, representaciones y modelos de la realidad. Los nuevos recursos computacionales han ido ofreciendo en este ámbito nuevas oportunidades.

Si el objetivo es mejorar el pensamiento, no se trata de introducir la psicología en las escuelas, sino de plantear cómo aprenden los humanos: mediante los errores cometidos, reflexionando, desarrollando nuevas maneras de pensar... Múltiples elementos de la cibernética, la computación o la robótica pueden ser clave en este objetivo de pensar más y mejor.

La edición del libro ha sido muy cuidada, con excelentes notas, bibliografía y los encantadores dibujos naíf de Xiao Xiao. Lo único que se podría señalar como limitación es que el autor no llegue a examinar las posibilidades reales de los cambios que sugiere, ni muestre un conocimiento actualizado de los avances en educación matemática que ya se habían producido cuando se escribieron los ensayos.

A partir de la lectura de Inventive minds cabe que algunos lectores opten por profundizar en otras obras ya clásicas de Minsky como The society of mind (2007), o The emotion machine: Commonsense thinking, artificial intelligence, and the future of the human mind (2006). Otros lectores, de forma más directa, quizá puedan iniciar una reflexión profunda sobre la educación actual y sobre las necesarias transformaciones que pueden facilitar las ciencias de la computación, revisando lo que ha sido su formación personal y lo que hubiese podido ser con planteamientos más abiertos y transversales. Y si el lector se dedica a la educación, tal vez los ensayos de Minsky le impacten hasta el extremo de replantearse muchos de sus principios.

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