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1 de Octubre de 2019
Geopolítica

Razones para la cooperación

La tensión política en el Ártico está en aumento, pero aún parece haber un amplio margen para evitar el conflicto.

GETTY IMAGES

En síntesis

Varios indicios sugieren que la tensión geopolítica en el Ártico está creciendo. La OTAN ha comenzado a realizar maniobras en la zona y Rusia ha ampliado su presencia militar en la región.

Sin embargo, el conflicto no tiene por qué ser inevitable. Un análisis más pausado sugiere que las hostilidades tendrían un alto coste para todos los implicados.

Foros como el Consejo Ártico, formado por ocho países y en el que participan representantes de los pueblos indígenas de la zona, están contribuyendo al desarrollo pacífico de la región.

El pasado 28 de marzo, cinco bombarderos B-52 estadounidenses estaban entrenando sobre el mar de Noruega, en el océano Ártico. También surcaban el cielo algunos cazas F-16 noruegos, como parte de unas maniobras de la OTAN en el norte de Suecia en las que participaban 10.000 soldados. De repente, dos bombarderos rusos Tu-160 cruzaron el mismo espacio aéreo. Sorprendida, Noruega azuzó a los F-16 para que siguieran a los intrusos.

Los Tu-160 continuaron en dirección al Reino Unido y después regresaron a su lugar de origen. Pero su aparición suscitó inquietud. Los bombarderos de EE.UU. y Rusia pueden transportar armas nucleares, y hacía menos de dos meses que ambos países habían anunciado su retirada del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio. Aunque los aviones de EE.UU. y Noruega no se habían adentrado en el espacio ruso, Rusia pudo haber interpretado las maniobras como una advertencia de que, llegado el caso, la OTAN podía llevar armas nucleares hasta su frontera. Así las cosas, tal vez el Ejército ruso quisiera recordarles la existencia de su fuerza aérea.

Es razonable preocuparse por el incremento de la tensión en el Ártico. El cambio climático ha aumentado la accesibilidad de la región, lo que la ha convertido en una prioridad política de los ocho Estados con fronteras terrestres o marinas más allá del círculo polar: Rusia, Finlandia, Suecia, Noruega, Islandia, Dinamarca (a través de Groenlandia), Canadá y Estados Unidos. Otros países influyentes, como el Reino Unido, Japón y China, han comenzado a prestar más atención a los nuevos beneficios que brinda un océano Ártico en proceso de deshielo. Según el Servicio de Inspección Geológica de EE.UU., la región podría albergar hasta el 13 por ciento del petróleo mundial aún por descubrir y el 30 por ciento del gas natural. Los países también han puesto la mira en el deshielo parcial de las rutas marítimas que cruzan el paso del Noreste, a lo largo de la costa rusa, y el del Noroeste, a través de la de Canadá, así como en las nuevas posibilidades de pesca.

Por encima de tales factores se encuentra el aparente deseo de Rusia de controlar la región. Bajo el mandato Vladimir Putin, el país ha efectuado importantes inversiones en sus bases militares y puertos en el Ártico, donde está estableciendo un sistema de alerta temprana de misiles. Por otro lado, emplea su flota de rompehielos para asegurar la maniobrabilidad durante todo el año. El pasado mayo botó el Ural, el primero de sus nuevos y enormes rompehielos nucleares LK-60.

Otros países ya están respondiendo. El Reino Unido ha anunciado una nueva Estrategia Ártica de Defensa. En febrero, EE.UU. destinó 675 millones de dólares a un robusto rompehielos polar. En marzo, la Marina estadounidense anunció que en verano enviaría múltiples buques. En abril, la Guardia Costera de EE.UU. publicó una nueva estrategia para aumentar las inversiones en el Ártico. Y un mes después, en la reunión de ministros del Consejo Ártico, el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, criticó duramente a Rusia y a China por su agresivo comportamiento en la región. Tales acciones podrían reflejar el cambio hacia una política más firme para tratar de equilibrar la influencia rusa. Pompeo incluso insistió en la toma de decisiones unilaterales antes que en la cooperación.

Desde un punto de vista estratégico, el Ártico reviste capital importancia para Rusia y sus rivales. El poder disuasorio nuclear de Rusia se encuentra ligado a sus submarinos nucleares, y las principales bases del país se sitúan a lo largo de la costa ártica. La oleada de actividad ha suscitado el miedo a que un Ártico más accesible desemboque en una proverbial «guerra fría» en la región. Desde que Rusia se anexionara la península de Crimea en 2014, su relación con la OTAN ha sido tensa. La preocupación radica en que cada bando acabe empleando el Ártico como moneda de cambio en las negociaciones sobre otras zonas conflictivas, como Siria o Ucrania. En marzo, Rusia anunció que endurecería las exigencias a los barcos extranjeros que atravesaran la Ruta Marítima del Norte.

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