Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Febrero de 2016
Etología

Animales que renuncian a la reproducción

Algunos miembros de sociedades complejas deciden no procrear y ayudan a otros en esa tarea. El estudio de esta conducta en peces de arrecifes coralinos sustenta nuevas ideas sobre la evolución de la cooperación.

El pez payaso convive en sociedades complejas en las que un reducido número de individuos renuncia a la reproducción. Los grupos entablan una estrecha asociación con las anémonas de mar. [© 2001, NORBERT WU/PACIFIC STOCK, INC.]

En síntesis

Algunas especies animales conforman sociedades complejas en las que ciertos individuos renuncian a la reproducción y ayudan a otros congéneres en la crianza de la descendencia.

Esa conducta ha intrigado a los biólogos evolutivos porque contradice la teoría de la selección natural de Darwin. Desde hace tiempo se han planteado y contrastado hipótesis y modelos teóricos para desvelar los motivos del altruismo en la reproducción.

Los autores proponen un modelo nuevo según el cual los individuos acceden a cooperar porque tal comportamiento redundará en ventajas genéticas en el futuro, y no emprenden otras opciones egoístas dentro del grupo a causa de restricciones sociales.

El origen de las especies de Charles Darwin sentó las bases de la biología evolutiva y del conocimiento de la vida en la Tierra. Mientras se dedicaba a reunir las pruebas de la teoría de la selección natural, el científico quiso recalcar ciertas observaciones que parecían poner en entredicho sus ideas (extracto de la edición a cargo de Jaume Josa, Espasa y Calpe, 1988):

«...me limitaré a una dificultad especial, que al principio me pareció insuperable y realmente fatal para toda la teoría. Me refiero a las hembras neutras o estériles de las sociedades de los insectos, pues estas neutras, frecuentemente, difieren mucho en instintos y conformación, tanto de los machos como de las hembras fecundas y, sin embargo, por ser estériles, no pueden propagar su clase.»

En las sociedades de insectos a las que aludía Darwin, como las hormigas o las termitas, impera la división del trabajo según la capacidad reproductora: algunos individuos renuncian a la procreación para ayudar a otros en esta labor. Para expresar la contrariedad de Darwin en un lenguaje moderno, tales sociedades resultan difíciles de entender porque, a primera vista, no está claro de qué modo la selección natural puede preservar los genes que se ocultan tras la conducta que inhibe el instinto reproductor y lleva a colaborar con los congéneres que sí procrearán. Este tipo de comportamientos ha intrigado a los biólogos evolutivos desde que el propio Darwin subrayara la paradoja que representaban para su teoría de la selección natural.

Los insectos sociales ofrecen ejemplos extremos de esa conducta, pero las aves y los mamíferos gregarios también presentan otros similares, aunque no tan drásticos. El etoecólogo Paul W. Sherman, de la Universidad Cornell, y otros expertos opinan incluso que la única diferencia entre los insectos y los vertebrados sociales reside en el grado de socialidad, que puede variar a lo largo de un espectro continuo. Por ejemplo, aves como el abejaruco frentiblanco (Merops bullockoides) y mamíferos como la rata topo lampiña (Heterocephalus glaber) conforman sociedades complejas en las que algunos individuos renuncian a la reproducción y ayudan a otros congéneres en esta faceta, cuando menos en algún momento de la vida. La antropóloga Sarah B. Hrdy, de la Universidad de California en Davis, y otros expertos opinan que la cooperación en la reproducción también pudo ser fundamental para la evolución humana, al ayudar a sostener nuestras largas y atípicas historias vitales [véase «La receta humana de la crianza», por Ana Mateos; Investigación y Ciencia, noviembre de 2014].

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.