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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2016Nº 473

Ingeniería ambiental

Depuración natural de aguas residuales

Los humedales construidos permiten tratar el agua de forma integrada con el entorno y con un coste energético nulo. Su aplicación en los países en vías de desarrollo está permitiendo abordar desde una nueva perspectiva la escasez de saneamiento en el mundo.

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La Tierra dispone de suficiente agua dulce para satisfacer las necesidades de toda la población. Sin embargo, según datos de 2015, el 10 por ciento de los habitantes del planeta sigue sin disponer de agua potable segura y cerca del 40 por ciento carece de infraestructuras de saneamiento básicas. Se calcula que la escasez de estos servicios provoca la muerte de un millón y medio de niños al año, razón por la que, en 2010, las Naciones Unidas declararon el acceso al agua potable y el saneamiento derechos humanos fundamentales.

A pesar de los avances logrados durante los últimos años, la falta de saneamiento afecta hoy a unos 2500 millones de personas en todo el mundo. Este problema recae principalmente sobre los entornos rurales, donde viven el 70 por ciento de quienes carecen de saneamiento y el 90 por ciento de quienes practican la defecación al aire libre, un hábito que comporta graves riesgos de salud pública.

Sin embargo, el modelo de tratamiento de aguas empleado en la mayor parte del mundo difícilmente puede implantarse en áreas rurales o en países en vías de desarrollo. Dicho modelo se basa en extensos sistemas de captación que redirigen las aguas residuales hacia una planta centralizada, lo que suele requerir procesos de alta complejidad, un elevado coste económico y el consumo de grandes cantidades de energía. De hecho, el sector de la depuración ocupa a algunas de las mayores empresas del mundo y mueve abultadas cifras. Los operadores europeos de aguas residuales urbanas gestionan más de 2,2 millones de kilómetros de conducciones de alcantarillado y cerca de 70.000 plantas depuradoras. Y se estima que, en EE.UU., el tratamiento del agua consume hasta un 3 por ciento de la energía eléctrica producida en el país.

Es cierto que, en los grandes núcleos urbanos de los países industrializados, las elevadas exigencias de depuración, el escaso espacio disponible y el vasto caudal de agua que debe tratarse hacen insustituibles los sistemas al uso. A pequeña escala, sin embargo, resulta imprescindible un cambio de modelo. Es necesario desarrollar técnicas que puedan adaptarse al entorno natural, social y económico de cada región; que tengan unos costes de implantación y operación mucho menores, y que se caractericen por un mantenimiento simple y un enfoque descentralizado, con un tratamiento del agua en el lugar de origen.

Una oportunidad excelente para propiciar dicha transición la ofrecen los humedales construidos. Estos sistemas remedan los humedales naturales, pero su diseño y modo de operación se escogen para potenciar los procesos biológicos y fisicoquímicos que intervienen en la depuración del agua. Pueden construirse con materiales y mano de obra locales, por lo que resultan idóneos para pequeños núcleos de población y áreas descentralizadas. Además, dado que se basan en el conocimiento del medio natural, son especialmente adecuados para los países en vías de desarrollo, puesto que no generan una excesiva dependencia tecnológica.

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