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1 de Febrero de 2016
Historia de la ciencia

Fertilidad, embarazo y atención al parto durante la Edad Media

La literatura medieval en hebreo sobre salud femenina refleja la pugna
por excluir a las mujeres de la práctica médica legitimada.

Escena de parto en la que varias mujeres atienden a una parturienta y le administran semilla de cilantro para acelerarlo. Herbario de la primera mitad del siglo XIII. Sur de Italia. [COD. VIND. 93, FOL. 102R, BIBLIOTECA NACIONAL DE AUSTRIA, VIENA]

La Memoria de las enfermedades que ocurren en los órganos de la generación es una obra hebrea escrita en Castilla por un autor desconocido a fines del siglo XII o principios del XIII. Organizada en dos partes, dedica su segunda sección a las enfermedades de los órganos reproductivos femeninos. Su autor hace un recorrido por las dolencias relacionadas con el ciclo biológico femenino, explica su etiología, describe los síntomas y ofrece tratamientos; todo ello, de acuerdo con la teoría hipocrático-galénica de los humores. No falta en esta sección un apartado dedicado a las complicaciones del parto, en el que se exponen las distintas causas que pueden dificultarlo, así como las instrucciones que ha de recibir la comadrona —supuestamente del médico— para ayudar a la mujer y facilitar el nacimiento de la criatura.

Para la medicina medieval, hombres y mujeres poseen cuerpos anatómica y fisiológicamente distintos. Esta forma diferenciada de conceptualizar el cuerpo propicia la producción de un corpus de literatura médica que atiende a las peculiaridades y necesidades sanitarias de las mujeres. El siglo xii verá aparecer un género dedicado específicamente a la salud femenina, que circulará por el occidente europeo (en latín, lenguas vernáculas y hebreo) hasta finales de la Edad Media.

Los textos de este corpus están generalmente escritos en masculino y en ellos rara vez aparecen mujeres; cuando lo hacen, es de forma anónima o actuando bajo las órdenes de médicos. Esta ausencia de mujeres en las obras dedicadas a tratar dolencias femeninas resulta llamativa. Sobre todo, cuando algunos textos latinos y hebreos utilizan en sus prólogos el argumento de la modestia y la vergüenza femeninas —aduciendo que las enfermedades de muchas mujeres se agravan porque la modestia les impide mostrar a los médicos sus partes secretas— para justificar la escritura de un tratado sobre salud femenina.

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