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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2016Nº 473
Apuntes

Conservación

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Mamíferos amenazados por plaguicidas

Los daños vienen de los matarratas empleados en los cultivos ilegales de marihuana.

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La marta pescadora, de la familia de los mustélidos de la talla de un gato, habita en algunos bosques recónditos de California. El trampeo y la tala iniciados en el siglo XIX redujeron sus efectivos a unos miles de individuos; aunque esas amenazas han ido a menos, han surgido otra nueva: los plaguicidas vertidos en las plantaciones ilegales de marihuana. Miles han aflorado por todo el estado, concentradas en los bosques de titularidad pública, a pesar de las opciones de cultivo legal que brinda la ley de California para el uso medicinal de la marihuana, de 1996.

Mourad W. Gabriel, director ejecutivo de Integral Ecology Research Center, organización sin ánimo de lucro, fue el primero en sospechar del vínculo entre el reguero de muertes de marta y el cannabis californiano, allá por 2011. Las necropsias han demostrado que el matarratas es la causa de la muerte, pero se ignoraba de dónde procedía. En una conferencia de expertos en fauna silvestre celebrada el año pasado, un oficial de policía le dijo que los agentes solían hallar ese veneno en las parcelas ilegales plantadas en tierras públicas e indígenas. El veneno se esparce infringiendo las normativas de control de plagas que los agricultores deben cumplir. Las martas no son la alimaña que se pretende exterminar, pero (junto con el oso negro, el zorro gris y otros muchos animales) mueren por las hemorragias internas que causan la ingesta del cebo o de roedores envenenados.

Así que Gabriel y su colega Mark Higley, biólogo del Servicio Forestal de la Tribu Hupa, comenzaron a participar como observadores en las redadas contra las plantaciones, en ocasiones descendiendo como comandos por cuerdas desde el helicóptero policial. Casi sin excepción, hallaron los venenos que matan las martas (unos aún en su envoltorio y otros esparcidos por doquier), algunos de ellos prohibidos en EE.UU. Una investigación minuciosa reveló que la única fuente posible de los plaguicidas repartidos por el bosque era esa; el equipo había encontrado el culpable.

Los investigadores dieron a conocer el problema el pasado noviembre en PLOS ONE. De las 129 martas pescadoras equipadas con collar de radioseguimiento cuya muerte se pudo determinar a lo largo de ocho años, el veneno esparcido por los cultivadores ilegales había matado a 13. Semejante pérdida es tremenda para una población que pronto podría figurar en la lista de especies amenazadas del país. Para empeorar aún más las cosas, el 85 por ciento de las 101 martas examinadas entre 2012 y 2014 habían estado en contacto con raticidas; las supervivientes acaban así intoxicadas, con el consiguiente perjuicio para su salud y sus actividades vitales (caza, reproducción, capacidad de huida ante depredadores).

Los cultivadores ilegales también acaparan millones de litros de agua y abandonan montañas de residuos, desde bombonas de propano y fertilizantes hasta envoltorios de caramelos y baterías de automóvil, en terrenos donde no existe ningún servicio de limpieza. «Las zonas acaban convertidas en verdaderos yermos», asegura Craig Thompson, ecólogo del Servicio Forestal de EE.UU. y autor principal de un artículo publicado en 2014 que revela que la cercanía de los cultivos ilegales agrava la mortalidad de las martas. «Es tremenda la destrucción que puede causar una parcela de una hectárea escasa.» California es de largo el mayor productor de marihuana de Estados Unidos; la Administración de Control de Drogas (DEA) informa que, de los 3,9 millones de plantas decomisadas al aire libre en todo el país en 2014, el 62 por ciento procedía de ese estado. «Están por todos lados», advierte el capitán Nathaniel Arnold, del Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California. Señala que algunos sospechosos han llegado a entablar tiroteos con las fuerzas del orden o a amenazar a ciudadanos que habían tropezado fortuitamente con alguna parcela. Existe el riesgo de que ese tipo de incidentes disuada a los investigadores de intervenir en el conflicto cultural que envuelve a la marihuana en estos momentos. Pero, tal y como subraya Higley, los conservacionistas no condenan la marihuana en sí. «No se puede cultivar nada en el bosque. Sea lo que sea», afirma.

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