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Condensados de Bose-Einstein y microchips

Cabe aprovechar los campos magnéticos de un microchip para producir las pequeñas y ordenadas nubes de átomos conocidas como condensados de Bose-Einstein. Esa asociación de pastillas y condensados quizás encuentre aplicación práctica en sensores.
Un siglo después de su concepción, la mecánica cuántica no deja de provocar desconcierto. Nos pide que atribuyamos a los objetos la condición de ondas, si bien demasiado pequeñas para que podamos percibir las de los cuerpos que nos rodean. Aunque se cree que las leyes cuánticas valen para objetos de todos los tamaños - de las partículas elementales al universo en su conjunto -, en nuestro mundo diario no vemos ondas de materia, ni ningún otro comportamiento cuántico.
De una forma sutil que se les escapa a los físicos, la mecánica cuántica encubre sus extraños efectos cuando muchas partículas interaccionan de manera desordenada o cuando la temperatura se eleva muy por encima del cero absoluto; es decir, siempre que las cosas se complican un poco, como sucede de ordinario en el mundo macroscópico. De ahí que se tienda a pensar que los fenómenos cuánticos sólo cuentan en el mundo de las partículas elementales o en experimentos mentales del estilo del gato de Schrödinger, que se encuentra en un estado cuántico tal, que está a la vez vivo y muerto.

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