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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2005Nº 343

Paleontología

El hombre de Flores

Un espectacular y controvertido hallazgo en Indonesia sugiere que, en un pasado no muy lejano, nuestra especie habría compartido la Tierra con un extraño homínido.

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En la isla indonesia de Flores todavía hoy se oye hablar de la legendaria ebu gogo ("la abuela que todo lo come"), una diminuta criatura de apetito voraz, postura erguida y andar titubeante, de lenguaje susurrante. Siempre se había creído que los macacos habían inspirado la leyenda. Pero en octubre de 2004 salió a la luz otra posible explicación. Un equipo de investigadores australianos e indonesios que excavaban en una cueva de la isla hallaron los restos de un humano liliputiense —apenas alcanzaba un metro de estatura— que vivió hasta hace escasos 13.000 años.

La noticia conmocionó a los paleoantropólogos de los cuatro puntos cardinales. Creíase que, tras la extinción de los neandertales en Europa y de Homo erectus en Asia, Homo sapiens había sido el único habitante homínido de la Tierra durante los últimos 25.000 años. Además, todos los fósiles de homínidos de pequeñas dimensiones que se habían encontrado hasta entonces pertenecían a australopitecinos (Lucy y similares) de tres millones de años de antigüedad, es decir, muy anteriores a la aparición de Homo sapiens. Nadie imaginaba que nuestra especie hubiera compartido el planeta con tan diminuto compañero, ni tampoco que una criatura con el cerebro del tamaño de un pomelo pudiera haber desarrollado capacidades cognitivas equiparables a las del hombre moderno.

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