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La burbuja local y la Tierra

Rodeado por una burbuja de gas, el Sol se halla en medio de una región de baja densidad en el medio interestelar. La influencia de esa estructura alcanza la capa de ozono y repercute en la biosfera.

Estrellas y planetas ocupan una fracción despreciable del volumen de una galaxia. La mayor parte del espacio corresponde al medio interestelar (MIE). Y si bien las densidades medias de estrellas y planetas se parecen, por lo general, a las de los objetos que encontramos a nuestro alrededor, en el caso del MIE éstas son entre 20 y 25 órdenes de magnitud menores. No resulta, pues, extraño encontrarse regiones con 1 átomo o menos por centímetro cúbico de volumen: una densidad muy inferior a las de cualquier vacío conseguido en la superficie terrestre por medios artificiales.

Tan baja densidad no debe inducirnos a pensar que se trata de un medio de estructura sencilla y, por lo tanto, fácil de estudiar. La realidad nos demuestra lo contrario. Existen diversos procesos violentos - así, los vientos estelares, la radiación ionizante de las estrellas calientes y las explosiones de supernova - que inyectan ingentes cantidades de energía y provocan la dispersión, o la concentración, del material. Este, sometido a su autogravedad, puede dar lugar a la formación de estrellas, que vuelven a inyectar energía al medio, completándose así un ciclo de violencia.

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