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Antígenos específicos del sexo

Considerados antaño responsables de promover la diferenciación testicular embrionaria, su verdadera función y modo de actuación están aún por dilucidar.
En 1955, E. J. Eichwald y C. R. Silmser, de la Universidad de Utah en Salt Lake, realizaban trasplantes de piel dentro de una línea consanguínea de ratón. A pesar de que todos los individuos, donantes y receptores, compartían, pues, una misma constitución genética, algunos trasplantes se rechazaban. Eichwald y Silmser atribuyeron las excepciones a defectos de la técnica. Más tarde, advirtieron que los rechazos se producían siempre en hembras que habían recibido injertos de piel de macho. Habían descubierto la existencia de un antígeno específico de macho, es decir, poseído en exclusividad por él. Y lo llamaron "antígeno de histocom­patibilidad del Y", o H-Y.
En mamíferos el sexo heterogamético, el que presenta cromosomas sexuales diferentes entre sí (X e Y), es el sexo masculino, mientras que el sexo femenino es llamado homogamético, ya que sus células pre­sen­tan dos cromosomas sexuales iguales (XX). En aves, reptiles y anfibios, aparece el fenómeno inverso: las hembras son el sexo heteroga­mético, con cromosomas sexuales denominados Z y W, mientras que los machos son el sexo homogamético con dos cromosomas sexuales iguales (ZZ). Por tanto, en estos taxones, el cromosoma W sería el equivalente al cromosoma Y de los mamíferos y el Z al X.

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