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El comercio del caimán

El contrabando de las pieles de caimán pone de manifiesto que la pretendida explotación controlada de las especies amenazadas no ahuyenta el peligro de su extinción.
Avenida Madison de Nueva York. Tienda lujosa de carísimos complementos. En un lugar destacado del escaparate se exhibe un bolso pequeño. Su precio, 3700 dólares. El precio indica ya la materia de que está fabricado: piel de cocodrilo auténtica, nada de cuero bovino estampado. Sólo un puñado de expertos en todo el mundo sabrá, con sólo mirarlo, que, si bien el frente brillante es de piel legal de cocodrilo americano de alta calidad, los laterales son de cuero de caimán obtenido a bajo precio, de contrabando quizá.
Según un cálculo harto prudente de la Traffic-USA, una división de la Fundación para la Conservación de la Vida Salvaje (World Wildlife Fund), encargada de seguir la pista al comercio ilegal de productos procedentes de la fauna salvaje, el mercado mundial de pieles de crocodilios mueve entre 1,5 y 2 millones de unidades al año. Sin embargo, según Don Ashley, consejero comercial en Tallahassee, sólo alrededor de un millón de esas pieles presentaban, en 1993, aval de legalidad de sus países de origen. Así pues, la mitad de las pieles utilizadas para fabricar los bolsos, carteras y cinturones de precios subidísimos proceden de animales salvajes, en flagrante violación de las leyes nacionales o internacionales. La mayoría de esas pieles de contrabando pertenecen a individuos del género Caiman.

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