Paradojas de la tonalidad musical

Ciertas series sonoras producen la impresión de un ascenso o descenso infinito de altura tonal. Otras series, que cambian por traslación de clave, reflejan la influencia del habla sobre la percepción musical.

La escalinata sin fin constituye una paradoja visual clásica, que engaña al ojo induciéndole a recorrer un periplo geométricamente imposible. Ideada en los años cincuenta por L. S. Penrose y Roger Penrose, de la Universidad de Londres, la paradoja se haría famosa luego gracias al artista holandés M. C. Escher. La paradoja visual tiene abundosa parentela de homólogas acústicas. A comienzos de los sesenta, Roger N. Shepard, de los Laboratorios Bell, produjo ya un ejemplo sobresaliente. Tocó repetidamente una misma secuencia de tonos generados por ordenador, que iban ascendiendo dentro de una escala. En la audición, los sujetos, en lugar de percatarse de que la serie concluía y volvía a comenzar, percibían una secuencia de tonos indefinidamente ascendentes. Al invertir Shepard el orden de la serie tonal, los sujetos oyeron una secuencia que descendía sin fin.

La investigación atinente a la forma en que los individuos perciben secuencias particulares de tonos revela de qué modo se vale el cerebro de diferentes indicios para dar sentido a sonidos ambiguos. Los estudios más recientes inducen a pensar que la percepción de ciertas paradojas musicales guarda relación con el procesamiento del habla. Parece ser que los individuos, durante la infancia, adquieren gradualmente una representación de la altura de los sonidos peculiares de un lenguaje o dialecto. Tales estudios han revelado que existe en los individuos una influencia común sobre la percepción tanto del habla como de la tonalidad musical.

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