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1 de Diciembre de 2011
Historia de la ciencia

Un héroe de mayor gloria

Hace cien años, ante la carrera contra Roald Amundsen por conquistar el Polo Sur, Robert F. Scott se negó a sacrificar su ambicioso programa científico.

WIKIMEDIA COMMONS/FUENTE:NOAA.GOV

En junio de 1911, Robert Falcon Scott y otros 32 exploradores (en su mayoría, científicos, oficiales de marina y navegantes británicos) se apiñaban en la oscuridad del invierno antártico, época en la que el sol nunca despunta y cuando una capa de hielo de dos metros y medio flota sobre el mar. En la isla de Ross, la zona sin hielo más austral en la que había atracado el navío de Scott, las temperaturas descienden en invierno hasta los 45 grados Celsius bajo cero y las tormentas de nieve se suceden con frecuencia. Carentes de cualquier sistema de comunicación inalámbrica y aislados por completo del mundo exterior, los exploradores aguardaban la llegada de la primavera. En octubre, algunos de ellos saldrían a recorrer casi 1500 kilómetros de plataforma de hielo y montañas, y surcarían la meseta Antártica hasta alcanzar un punto sin mayor interés que su ubicación en el extremo sur del planeta.

Dos expediciones británicas habían intentado alcanzar con anterioridad el Polo Sur. La primera, entre 1901 y 1904, había sido dirigida por el propio Scott; la segunda, de 1907 a 1909, por Ernest Shackleton. Si bien ninguna de ellas logró su objetivo, en aquella ocasión Scott rebosaba confianza. Basado en su experiencia previa, había diseñado su nueva expedición al milímetro. Y no solo con el fin de ser el primero en llegar al Polo, sino también para cumplir con un ambicioso programa científico. Había coordinado un despliegue de equipos de investigación a lo largo de la bahía de Ross que recolectarían fósiles, datos y todo tipo de material científico. Al llegar la primavera, su equipo se pondría lentamente en rumbo hacia el Polo Sur, para izar allí la bandera del Reino Unido y regresar con la gloria de haber logrado una conquista y una ingente labor científica.

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