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1 de Diciembre de 2012
Calentamiento global

La sensibilidad del clima al dióxido de carbono

El estudio del último máximo glacial, hace 21.000 años, acota el aumento esperado de las temperaturas a causa del efecto invernadero.

ANDREAS SCHMITTNER

El clima de nuestro planeta está cambiando con rapidez desde hace décadas, un fenómeno que sin duda obedece a las emisiones de dióxido de carbono derivadas de la quema de combustibles fósiles. La concentración atmosférica de este gas ha alcanzado niveles sin precedentes en los últimos 800.000 años. Se espera que los efectos adversos del cambio climático, como el aumento del nivel del mar o una mayor incidencia de sequías, se tornen más aparentes en un futuro próximo. Pero ¿cuánto se calentará el planeta? Se trata de una pregunta muy difícil de responder, ya que desconocemos el valor preciso de una de las variables básicas que rigen el clima terrestre: su sensibilidad climática. En ello radica la principal fuente de incertidumbre de las proyecciones climáticas que van más allá de unos decenios. Poco a poco, sin embargo, estamos logrando reducir la ambigüedad de la respuesta. En un artículo publicado en Science a finales de 2011 junto con otros colaboradores, referimos avances notables en esta dirección. Según nuestros resultados, el clima podría ser menos sensible al dióxido de carbono de lo que auguran algunas predicciones.

La sensibilidad climática estima el cambio producido en la temperatura media de la superficie del planeta cuando se perturba el equilibrio energético de la atmósfera. Para que la temperatura se mantenga estable, debe existir un equilibrio entre la energía que la Tierra recibe del Sol y la que radia hacia el espacio. Un 30 por ciento de la energía que incide sobre nuestro planeta es reflejada por la atmósfera, las nubes, el océano, la masa continental, el hielo y la nieve. El 70 por ciento restante es absorbido por la atmósfera, la hidrosfera y la superficie, las cuales, a su vez, lo reemiten en forma de radiación infrarroja. Parte de esta radiación saliente es absorbida por algunos de los gases presentes en la parte baja de la atmósfera —sobre todo, vapor de agua y dióxido de carbono—, lo que reduce las pérdidas radiativas de la superficie: un fenómeno conocido como efecto invernadero. En la actualidad, a causa del reciente incremento en la concentración atmosférica de gases como metano y dióxido de carbono, la temperatura global de superficie está aumentando y ajustándose a un nuevo valor de equilibrio.

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