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Caza de meteoritos

Una lluvia pertinaz de micrometeoritos se abate constantemente sobre el planeta. Con paciencia, quizá logremos capturar alguno.

marcos vazquez rodriguez

Cuando visito un museo de ciencias naturales, uno de mis primeros objetivos es descubrir si dispone de colección de meteoritos. A menudo es así. De hecho, en los últimos decenios los meteoritos han dejado de ser una rareza para convertirse en un material sometido a un activo comercio, de ahí que sean cada vez más los museos que pueden acceder a una colección sistemática de tan preciadas joyas de la naturaleza.
Para el científico aficionado, la situación es otra. Raramente dispone de excedentes suficientes como para invertir en piedras provenientes del espacio interplanetario. Pero no todo pasa por los ejemplares de gran tamaño. Con un poco de paciencia, podemos crear nuestra propia colección, eso sí, de ejemplares microscópicos.

El espectro de tamaños de los meteoritos es muy amplio y su frecuencia de caída también. Pese a que las tasas de caída se basan en estimaciones, podemos suponer que en nuestro planeta caen, con una cadencia de decenas de millones de años, meteoritos —o, mejor, asteroides— de tamaño kilométrico; cada miles de años caen meteoritos de decenas de metros; y cada día caen millones de meteoritos de milésimas de milímetro de tamaño, los micrometeoritos.

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