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  • Agosto 2017Nº 491
Apuntes

Ecología

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Especies invasoras en Australia

La isla-continente emprende su enésimo intento para erradicar uno de sus intrusos.

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A inicios de año, el Gobierno australiano liberó una cepa de virus hemorrágico con la esperanza de frenar el crecimiento de la población de conejos en la isla. Esta jugada puede parecer bárbara, pero las autoridades calculan que los animales, introducidos por los colonizadores británicos a finales del siglo XVIII, causan daños en los cultivos por valor de 115 millones de dólares cada año. Pero el problema no acaba aquí. Desde hace más de un siglo, los australianos han combatido sucesivas oleadas de especies invasoras con numerosas medidas desesperadas, como la introducción de depredadores alóctonos, todo con magros resultados.

Australia no es el único país afectado por las especies invasoras, pero, por su condición de continente aislado, la mayor parte de su fauna y su flora es endémica, y los superdepredadores hace mucho que se extinguieron. Ello ofrece a las especies recién llegadas grandes oportunidades para prosperar. «En otros lugares el número de depredadores es mucho mayor», aclara Euan Ritchie, uno de los directores de la Sociedad Australiana de Ecología. Pero el tigre de Tasmania, el león marsupial y Megalania (un lagarto de 600 kilogramos) son cosa del pasado. El único superdepredador superviviente, el dingo (fotografía), está amenazado por los humanos a causa de su predilección por el ganado ovino. Aparte de los conejos, Australia está intentando poner coto al zorro común (importado como trofeo de caza), a los gatos asilvestrados (descendientes de los animales de compañía), la carpa (criada en piscifactorías) e incluso los camellos (usados como montura para viajar por el desierto). Los responsables de la gestión ambiental han intentado combatirlos liberando virus, esparciendo veneno, levantando miles de kilómetros de vallado e incluso dándoles caza desde helicópteros.

En un caso célebre, la solución tomada acabó convirtiéndose en un problema: el sapo marino fue introducido en 1935 para devorar los escarabajos que dañaban la caña de azúcar. Pero este anfibio no puede trepar a las cañas para atraparlos y se ha convertido él mismo en una plaga. A pesar de las protestas de los científicos, el Gobierno planea introducir otro virus este año para intentar reducir el crecimiento sin control de la población de carpas. «No es posible volver al pasado. Pero tenemos muchos mamíferos autóctonos y otras especies que debemos proteger», afirma Ritchie.

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