Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Agosto 2017Nº 491
Libros

Reseña

Gratuito

Un eclipse americano

Cuatro libros como preludio al próximo eclipse solar del 21 de agosto, que será total en Estados Unidos y parcial en varios países latinoamericanos.

Menear

AMERICAN ECLIPSE
A NATION’S EPIC RACE TO CATCH THE SHADOW OF THE MOON AND WIN THE GLORY OF THE WORLD
David Baron.
Liveright, 2017.

IN THE SHADOW OF THE MOON
THE SCIENCE, MAGIC, AND MYSTERY OF SOLAR ECLIPSES
Anthony Aveni.
Yale University Press, 2017.

ECLIPSE
JOURNEYS TO THE DARK SIDE OF THE MOON
Frank Close.
Oxford University Press, 2017.

MASK OF THE SUN
THE SCIENCE, HISTORY, AND FORGOTTEN LORE OF ECLIPSES
John Dvorak.
Pegasus, 2017.

 

El 21 de agosto de 2017, Estados Unidos vivirá su primer eclipse total de Sol cien por cien estadounidense. Por primera vez, la trayectoria de la sombra de totalidad (una franja de unos cien kilómetros de ancho) tocará tierra solo en ese país, pasando sobre los hogares de 12millones de personas en 14 estados, desde Oregón a las Carolinas. Heliofísicos y umbráfilos de todo el mundo se preparan para ese momento, al igual que los funcionarios del Departamento de Transporte de EE.UU. Los primeros todavía reflexionan sobre los resultados del eclipse de 1999, cuya trayectoria atravesó Europa desde Cornualles hasta Rumanía y más allá, así como sobre los eclipses totales que han ocurrido desde entonces. Los últimos están haciendo todo lo posible para asegurarse de que millones de conductores lleguen a la franja y salgan de ella de manera segura.

El alboroto es comprensible. Un eclipse total de Sol constituye uno de los espectáculos más extraordinarios que puede ofrecernos la naturaleza: el cielo que se oscurece de repente, las «perlas de Baily» (destellos de luz solar que brillan a través de los valles lunares), el deslumbrante efecto del «anillo de diamantes», la corona solar, nacarada y llena de puntas. Luego, un par de minutos más tarde, la misma función pero a la inversa. Igual de fascinante es saber que estamos presenciando una sizigia: el alineamiento de la Tierra, la Luna y el Sol que hace que el cielo se oscurezca en un factor 10.000 tan solo en el último minuto. Los cuatro libros que reseñamos aquí se adelantan, desde diferentes puntos de vista, a este espectacular acontecimiento celeste [véase «El gran eclipse solar de 2017», por Jay M. Pasachoff, y «Mil años de eclipses solares», por Mark Fischetti, en este mismo número].

En American eclipse, el periodista David Baron rememora el eclipse total que pudo verse en Estados Unidos en julio de 1878 (leí una versión preliminar de este libro y escribí un breve comentario sobre él). Un grupo de eminentes científicos, entre ellos el astrónomo Henry Draper y su esposa, Anna, viajaron a Rawlins, Wyoming, para presenciarlo. Pero, como relata Baron, fue un joven prodigio de 31años, el inventor Thomas Edison, quien se ganaría la mayor parte de la fama a pesar de que solo los acompañaba. Edison llevó al viaje uno de sus ingenios, un tasímetro (un instrumento capaz de detectar ligerísimos cambios de temperatura), para medir el calor de la corona solar durante el eclipse. Sin embargo, no estaba preparado para la intensidad de la señal y la aguja del aparato se quedó clavada en la lectura máxima. No fue hasta alrededor de 1940 cuando los físicos Walter Grotrian, Bengt Edlén y Hannes Alfvén descubrieron que la corona solar presenta una temperatura de al menos un millón de grados Celsius. Si el tasímetro de Edison hubiera funcionado, el inventor habría obtenido el engañoso valor de 6000 grados centígrados (la temperatura superficial del Sol), debido a la luz solar dispersada que vemos como la corona interior.

Baron ha seleccionado buenas historias y las ha contado bien. La astrónoma pionera estadounidense Maria Mitchell (la primera persona contratada como profesor por el Colegio Universitario Vassar de Poughkeepsie, en Nueva York) se llevó al eclipse a un grupo de alumnas, aunque a estas no se les ofreció viajar gratis en tren, como sí se hizo con sus homólogos masculinos. El astrónomo e inventor Samuel Pierpont Langley, el meteorólogo Cleveland Abbe y el astrónomo y espectroscopista solar Charles Young también fueron testigos del eclipse. Nueve años antes, Young había descubierto en el espectro de la corona la línea verde que resultaría clave para deducir la temperatura coronal. En los años cuarenta, se descubrió que esta línea proviene de un gas de hierro tan caliente que buena parte de sus átomos han perdido la mitad de los electrones.

La historia de los eclipses es larga y global. In the shadow of the Moon, del astrónomo e historiador de la ciencia Anthony Aveni, escarba en las observaciones de cinco milenios. La obra nos ilustra acerca de los eclipses en la antigua Babilonia, como los registrados en un fragmento de tablilla del año 280 antes de nuestra era. Aveni analiza la historia según la cual el filósofo griego Tales de Mileto predijo el eclipse del 28 de mayo del año 585 a.C., que supuestamente detuvo una batalla entre los medos y lidios. Al respecto, el autor se muestra escéptico sobre la supuesta conexión entre esas fechas antiguas y los auténticos eclipses.

Aveni también se ocupa de los eclipses totales vistos en Estados Unidos, como el que ocurrió en la ciudad de Nueva York en 1925. La gente se sentó sobre los tejados a lo largo del río Hudson para marcar el borde inferior de la sombra en la calle 96, y el efecto del anillo de diamantes fue mencionado por primera vez en los medios del país. Aveni concluye que ni el arcoíris, ni los cometas, ni los meteoros ni la aurora boreal superan «la efímera y exquisita belleza» de un eclipse total de Sol.

En Eclipse, el físico de partículas Frank Close se decide por historias más personales. En 1954, cuando tenía ocho años, Close presenció un eclipse parcial de Sol que le inspiraría para convertirse en científico. Más tarde, en 1999, las nubes frustraron casi por completo su intento de ver la totalidad desde Cornualles. Sin embargo, logró presenciar eventos posteriores desde Zambia, Libia, Tahití y, en 2013, desde un barco en la costa oeste de África. En palabras del autor: «Como druidas reunidos en Stonehenge para dar la bienvenida a los equinoccios, me había unido a un culto internacional cuyos miembros adoran la muerte y el renacimiento del Sol en mecas variables, una media docena de veces por década». Aunque el autor introduce aquí y allá una pizca de historia y de ciencia, nos ofrece ante todo un libro de viajes.

Al igual que Close, el astrónomo John Dvorak va saltando de eclipse en eclipse en Mask of the Sun, si bien aquí el foco se sitúa en la historia de la ciencia más que en las anécdotas. Las citas que intercala revelan la extraordinaria atracción que estos eventos han ejercido sobre la imaginación humana. La escritora Virginia Woolf, por ejemplo, que había presenciado el eclipse total de 1927 en el norte de Inglaterra, escribió sobre él en su ensayo El sol y el pez al año siguiente: «Muéstrame el eclipse, le decimos al ojo; volvamos a ver ese extraño espectáculo».

El libro proporciona una crónica rica en detalles. Dvorak relata cómo, en 1684, Increase Mather, presidente del Harvard College, retrasó la ceremonia de graduación diez días para que profesores y estudiantes pudieran llegar a Martha’s Vineyard, una isla cercana a la costa sur del estado de Massachusetts, para ver un eclipse total. (Mather, un pastor puritano, no tuvo una actitud tan progresista sobre los juicios por brujería de Salem que tuvieron lugar menos de diez años después, los cuales se negó a condenar.) También leemos cómo el astrónomo Edmond Halley predijo el eclipse que atravesó Inglaterra en 1715 y cómo recopiló observaciones públicas para mejorar la predicción del evento de 1724, que cruzó el país hasta llegar a la Europa continental. Y también se nos recuerda el papel que desempeñó un eclipse en la consagración de Albert Einstein: al elaborar su teoría general de la relatividad, en 1916, el físico alemán había predicho que durante un eclipse podría observarse un cambio en la posición aparente de algunas estrellas cercanas al Sol; tres años después, el astrónomo inglés Arthur Eddington midió el efecto con gran éxito.

Junto con otros trabajos recientes, como el estupendo Sun Moon Earth (Basic Books, 2016), del astrónomo Tyler Nordgren, y el excelente y exhaustivo Totality (Oxford University Press, 2017), de Mark Littmann y Fred Espenak, estos libros enriquecerán a cualquier persona interesada en entender los eclipses. Proporcionan una completa y valiosa bibliografía para aquellos que se estén preparando para el gran evento que tendrá lugar en agosto (en mi caso, será mi trigésima cuarta expedición para presenciar un eclipse total de Sol) y espero que convenzan a muchos otros de verlo en vivo.

Artículo original publicado en Nature. Traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados