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Heisenberg y Bohr en Copenhague

El desencuentro de dos físicos cuánticos.

Heisenberg y Bohr en Copenhague, alrededor de 1932. [WIKIMEDIA COMMONS/DOMINIO PÚBLICO]

En septiembre de 1941, Werner Heisenberg, el creador en 1925 de la primera formulación satisfactoria de la teoría cuántica (la mecánica de matrices), viajó a Copenhague para pronunciar una serie de conferencias en el recientemente establecido Instituto Alemán de Cultura de esta ciudad. Allí residía Niels Bohr, el gran patrón de la física cuántica, a la que había contribuido en 1913 con el primer modelo atómico cuántico. Ambos habían mantenido una estrecha y afectuosa amistad desde hacía casi dos décadas. Pero en 1941 Heisenberg ya no era el joven físico que había pasado tiempo en el Instituto de Física que Bohr dirigía en la capital danesa; lo quisiera o no, ahora visitaba a su antiguo mentor como ciudadano prominente de Alemania, la nación que había invadido Dinamarca. De hecho, las conferencias formaban parte de la política nazi de promover la cultura alemana. Y Heisenberg no era solo un físico teórico sobresaliente; era también uno que estaba trabajando en Alemania en un proyecto para explorar las posibilidades de la fisión del uranio, entre ellas su utilización para la fabricación de bombas de un poder nunca antes alcanzado.

Durante su estancia en Copenhague, Heisenberg visitó a Bohr. Sobre lo que hablaron entonces se ha escrito en abundancia, siendo particularmente conocida la obra de teatro Copenhague (1998) escrita por Michael Frayn. Conocida y debatida, pues a Heisenberg se le han adjudicado propósitos muy diferentes: bien que quería sonsacar a Bohr lo que podría saber de los esfuerzos aliados para fabricar bombas atómicas, conocer su opinión técnica sobre la fisión del uranio, o transmitirle sus dudas morales —si es que las tenía— acerca de dotar a Hitler de semejante arma.

Una opinión probablemente bastante neutral es la que presentó en sus memorias (The joy of insight, 1991) el físico de origen austriaco Victor Weisskopf (1908-2002), quién, debido a su origen judío, tuvo que instalarse en Estados Unidos. Allí desarrolló una brillante carrera que le permitió trabajar en el Laboratorio de Los Álamos del proyecto Manhattan y ser director general del CERN entre 1961 y 1965. En opinión de Weisskopf, que conocía bien tanto a Bohr como a Heisenberg (había trabajado con ambos), este fue a Copenhague a hablar con Bohr «sobre los problemas que el desarrollo de los explosivos nucleares habían creado para la humanidad y, en particular, para la comunidad de científicos. Resultó ser una desafortunada e inútil visita. Heisenberg no comprendía el profundo odio y la terrible desesperación que invadía a Dinamarca, una nación víctima de los nazis. Se expresó con vaguedad, temiendo que cualquier manifestación sobre el esfuerzo nuclear de Alemania, o cualquier duda acerca de la victoria alemana, le pusiera a él y a su familia en peligro mortal. Bajo estas condiciones fue difícil que Bohr viese a Heisenberg como un discípulo y amigo, y no como un representante del opresor. Por su parte, Heisenberg podría haber esperado confiar en Bohr. Debería haber supuesto que su viejo amigo habría tomado todas las precauciones para evitar que se hubiese escuchado lo que hablasen y que nunca le habría traicionado».

La sombra de lo que Heisenberg pudo haber querido obtener de Bohr para favorecer los intereses de Alemania le persiguió el resto de su vida. Se esforzó por argumentar que su liderazgo fue esencial para retrasar el proyecto nuclear germano, y que no quería que Hitler dispusiera de una bomba atómica. Pero, como todo aquello que entra en el resbaladizo dominio de las interpretaciones, difícilmente pueden extraerse conclusiones firmes. Y no debe olvidarse que los científicos no son seres inmunes a los sentimientos patrióticos. Menos aún Heisenberg.

La interpretación de lo que pudieron hablar se ha basado principalmente en once documentos que se conservan en el Archivo Bohr de Copenhague. Aparte de una carta de Heisenberg, fechada el 22 de diciembre de 1961, en la que únicamente mencionaba detalles científicos pertinentes al momento en que la escribió, esos documentos corresponden a borradores de cartas o notas privadas de Bohr referidas, en parte, al encuentro de 1941, pero que nunca terminaron enviándose o haciéndose públicas (hasta 1998).

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