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Náufragos en la roca: plantas de los suelos de yeso

Los afloramientos de yeso constituyen islas con una flora muy diversa y especializada. Los mecanismos que despliegan las plantas para vivir en este ambiente hostil han fascinado desde hace tiempo a los científicos.

Los paisajes de yesos, como estos de Calatayud, en Zaragoza, ofrecen un aspecto característico, con una vegetación rala donde predominan los pequeños arbustos, como el lino blanco (en primer plano) y algunas herbáceas de ciclo anual.

En síntesis

Los sustratos de yeso, con una distribución restringida en el mundo, constituyen ambientes muy hostiles para la vida debido a que presentan propiedades físicas y nutricionales muy desfavorables.

El carácter insular de estos sustratos y sus propiedades limitantes han dado lugar a la evolución de una flora específica y diversa, con plantas que presentan adaptaciones asombrosas.

Conocer la composición de estas comunidades vegetales, el origen evolutivo de sus especies y los mecanismos que estas despliegan para crecer sobre el yeso son un paso clave para su conservación y gestión.

Cae la tarde sobre una cantera de yeso en el almeriense desierto de Tabernas. Las sombras realzan los relieves de esta gigantesca cicatriz de piedra que evoca un cráter lunar. Sin actividad ya, abandonada hace varios años, no cabe esperar otra cosa que el silencio de un paisaje desolado, casi desprovisto de vida. Sin embargo, al atardecer, en los farallones del frente de la vieja cantera se recogen las chovas, ruidosas, como si se alegraran de volver a casa, a esos gigantescos escalones de roca lunar en los que anidan. Al pie de los cantiles, en la plaza de la cantera, también hay vida. Es una vida mucho más silenciosa. Allí, una planta domina con una tiranía aplastante: la jabonera, Gypsophila struthium, la reina del yeso. Fue precisamente la preferencia por el yeso de muchas de las especies que conforman el género Gypsophila lo que inspiró al naturalista sueco Carlos Linneo su nombre, que significa «amante del yeso» (gypsum es «yeso», y phila, «amante»).

Pero en este tipo de sustrato no crecen solo miembros del género Gypsophila. En España hay alrededor de 40 especies, pertenecientes a unos 30 géneros, que pueden considerarse gipsófilas (o yipsófilas); y en el mundo entero, casi un millar, al menos hasta lo que sabemos hoy. Estas plantas viven en unas condiciones muy particulares, puesto que en los suelos de yeso (mineral que corresponde al sulfato cálcico dihidratado, CaSO4·2H2O) hay un exceso de nutrientes como el calcio y el azufre, pero escasean otros que son esenciales, como el nitrógeno o el fósforo, además del agua. El gran botánico francés Edmund Boissier, en el siglo XIX ya describió con aspereza las yeseras, o aljezares: «Nada más triste como el aspecto de estos lugares estériles y totalmente privados de agua dulce».

Mayoritariamente, se trata de comunidades integradas por pequeños arbustos que no suelen superar el metro de altura. Presentan un aspecto ralo, con escasa vegetación herbácea, en la que predominan las gramíneas anuales y amacolladas. Cuando el yeso es consistente, las costras biológicas en la superficie del suelo rellenan casi al completo los espacios entre la vegetación.

A muchos investigadores nos fascinan los aljezares por la diversidad y la especialización de su flora, porque las plantas que crecen en ellos muestran adaptaciones asombrosas cuyo potencial por explorar es muy amplio. Más de un centenar de botánicos y ecólogos repartidos por todo el mundo investigamos estas comunidades vegetales para tratar de responder a varias preguntas: ¿cómo se las apañan las plantas para sobrevivir en un medio tan inhóspito? ¿A qué tipo de limitaciones nutricionales y edáficas deben hacer frente? ¿Cómo se originó y evolucionó la flora gipsófila en el mundo? ¿Qué estrategias de conservación deben seguirse para recuperar y proteger los aljezares más amenazados?

Islas rodeadas de tierra

Como ya se ha comentado, la gipsofilia es un fenómeno universal en el sentido de que puede reconocerse en cualquier parte del mundo, aunque es mucho más notorio en zonas áridas o semiáridas, entre ellas las regiones con extensas superficies de yeso en la región mediterránea, el Cuerno de África y el sudoeste de Asia y de Norteamérica.

No existe una correspondencia biunívoca entre los afloramientos de yeso y este tipo de floras, es decir, puede haber afloramientos de yeso sin que se presente una flora específica asociada. A pesar de ello, el efecto del yeso sobre la vegetación sí puede considerarse universal en la medida en que provoca la sustitución de unas comunidades por otras de naturaleza más xérica o, al menos, favorece la abundancia de plantas resistentes a la sequía.

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