El empleo ha cambiado para siempre

La gente ha descubierto que existe otra forma de trabajar.

[JAMES YANG]

Raro es quien no ha experimentado cambios en su vida profesional durante la pandemia. Millones de personas han perdido su empleo, han visto suspendidos sus contratos o han pasado a trabajar desde casa. Los trabajadores esenciales han seguido en sus puestos, aunque a menudo con cambios importantes en su carga de trabajo, procedimientos de seguridad adicionales y el reconocimiento de que las enfermedades infecciosas constituyen un nuevo riesgo laboral. En abril de 2020, la población activa de Estados Unidos se redujo en 20,5 millones de personas, según la Oficina de Estadísticas Laborales de ese país. El sector servicios fue el más afectado: se destruyeron 7,7 millones de empleos relacionados con el ocio y la hostelería, 5,5 millones de ellos en restaurantes y bares.

La transición al teletrabajo desdibujó por completo los límites entre empleo y hogar, en especial para los padres que tuvieron que compaginar el cuidado y la educación de sus hijos con las exigencias laborales. Las inoportunas o interminables reuniones vía Zoom interfirieron en nuestra capacidad para sacar adelante el trabajo y, en ocasiones, deterioraron las relaciones con los compañeros. Los trabajadores esenciales descubrieron que, a menudo, la única estrategia de sus empresas para satisfacer el aumento de la demanda consistía en hacerles trabajar más: no se esperaban refuerzos. Muchos empleados tuvieron que arreglárselas con equipos de protección individual inadecuados, mientras se sentían tratados de forma injusta. Y a todos les resultó más difícil relajarse y recuperarse de su progresivo agotamiento, puesto que los locales de ocio y los gimnasios estaban cerrados. Estos cambios provocaron que los trabajadores sufrieran mayor estrés y fatiga, se mostraran más negativos y cínicos con respecto al entorno laboral, y vieran erosionada la confianza en sí mismos: los tres síntomas del síndrome de desgaste profesional.

Entretanto, otras personas (sobre todo aquellas con cómodos despachos en sus hogares y pocas responsabilidades parentales) descubrieron las ventajas del trabajo a distancia. Estar solos les daba mayor control y reducía las distracciones, mientras que la ausencia de desplazamientos les permitía ahorrar tiempo, energía y dinero. Quienes habían trabajado en entornos laborales desagradables u hostiles ya no debían soportar enfrentamientos ni faltas de respeto.

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