La desigualdad se ha disparado

Los pobres de todo el mundo sufrirán las consecuencias de la pandemia durante más tiempo.

[SAMANTHA MASH]

El coronavirus ha revelado la fragilidad y la desigualdad del sistema económico mundial, y las ha exacerbado. Se interrumpieron numerosas cadenas de suministro, y muchos países se mostraron incapaces de fabricar productos sencillos, como las mascarillas, por no hablar de otros más complejos, como los respiradores. La terrible experiencia propiciará casi con certeza la creación de más plantas de producción locales. Pero el peligroso nacionalismo mostrado por los países que han acaparado vacunas y han puesto los beneficios por encima de las vidas no da señales de remitir, a pesar de que sus consecuencias pueden resultar devastadoras para el mundo.

Uno de los efectos más importantes de la pandemia será el empeoramiento de la desigualdad, tanto en los países del primer mundo como entre estos y las naciones en vías de desarrollo. En 2020 y 2021, la riqueza de los multimillonarios creció en 4,4 billones de dólares, mientras más de 100 millones de personas caían por debajo del umbral de la pobreza. La gravedad de la situación dependerá de cuánto tiempo siga causando estragos el virus y de las medidas que tomen los responsables políticos para controlar la enfermedad y sus consecuencias.

Debido, en parte, a las enormes desigualdades de ingresos y riqueza, Estados Unidos ha sido el país con más muertes atribuidas a la COVID-19. El SARS-CoV-2 se cebó con quienes padecían problemas de salud vinculados a la pobreza y tenían trabajos que no podían hacerse en situación de confinamiento. Muchos estadounidenses que vivían al día y no tenían siquiera el derecho fundamental a la asistencia sanitaria, ni a una baja remunerada por enfermedad, no pudieron hacerse pruebas para saber si estaban infectados y, o bien acudieron a sus puestos de trabajo y propagaron el virus, o buscaron ayuda demasiado tarde.

Los más necesitados también serán los más perjudicados por las consecuencias económicas de la pandemia, en particular por la pérdida de puestos de trabajo, que ha afectado de forma desproporcionada al empleo mal remunerado del sector servicios. Igual de preocupante es el hecho de que los niños más pobres hayan sufrido terribles retrasos educativos debido a la adopción de la enseñanza telemática, pues presagia un posible empeoramiento de la desigualdad y la precariedad a largo plazo.

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