Las instituciones internacionales de sanidad no dan más de sí

Hay que reinventar la Organización Mundial de la Salud

Un enfermero del Ejército italiano ayuda a un paciente de COVID en un hospital de campaña en Perugia, levantado para aliviar la carga asistencial del hospital Santa Maria della Misericordia. En diciembre de 2020, el mundo seguía bregando con las sucesivas olas de la pandemia.[TOMMASO AUSILI/CONTRASTO/REDUX]

Una crisis existencial puede ser la oportunidad de aplicar reformas audaces. La Segunda Guerra Mundial dio paso a la fundación de instituciones transformadoras: las Naciones Unidas (ONU) en 1945 y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1948. La OMS nació el mismo año que la ONU adoptaba la Declaración Universal de Derechos Humanos.

La pandemia de COVID-19 es una de esas grandes crisis, pero en lugar de traer cambios importantes ha quebrantado la solidaridad planetaria. Esta fractura pone de manifiesto la profunda fragilidad de la OMS, guía mundial en materia de salud. Su normativa para la gestión de pandemias —el Reglamento Sanitario Internacional, que es vinculante— no ha servido para lo que estaba pensada, dado el incumplimiento generalizado de los Gobiernos nacionales.

Pero no es demasiado tarde. De hecho, es el momento justo de plantearnos cómo erigir un marco internacional más ambicioso para la salud pública.

Como primer organismo especializado de la ONU, la OMS tiene el mandato constitucional de actuar como autoridad directiva y coordinadora en asuntos de sanidad internacional, lo cual incluye adelantar las labores destinadas a suprimir enfermedades epidémicas. Ningún Estado puede evitar, por su cuenta, que las enfermedades infecciosas se diseminen por el mundo. Solo unas instituciones internacionales fuertes pueden promover la cooperación, establecer normas de ámbito global e intercambiar los datos científicos necesarios para atajar los brotes epidémicos, por lo que la función de la OMS sigue siendo indispensable. Con la creciente interdependencia global, los viajes intercontinentales y las migraciones masivas, la globalización y el cambio climático han propiciado la era moderna de las nuevas enfermedades, en cuya lista figuran tres coronavirus (el SARS-CoV, el MERS-CoV y el SARS-CoV-2) y, por supuesto, los virus del Ébola y del Zika.

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