Escuchar a las ballenas

Una nueva técnica para localizar cetáceos podría contribuir a su supervivencia.

Ballenas francas glaciales. [FRANCOIS GOHIER Y VWPICS, ALAMY STOCK PHOTO]

Quedan menos de 400 ballenas francas glaciales en libertad, y menos de 100 son hembras en edad reproductora. Las mayores amenazas para su supervivencia son los choques contra embarcaciones y los enredos en artes de pesca. Pero proteger estas ballenas desviando barcos para evitar encuentros peligrosos exige localizarlas de manera más fiable. Ahora, una nueva técnica descrita en Journal of the Acoustical Society of America podría ayudar a lograrlo.

Para escuchar la vida marina, los investigadores suelen instalar micrófonos subacuáticos llamados hidrófonos en boyas y planeadores robóticos. El audio así grabado se convierte después en un espectrograma: una representación visual del sonido que sirve para identificar, por ejemplo, las llamadas de determinadas especies de ballenas. Pero esos sonidos característicos suelen quedar ocultos entre otros ruidos. En los últimos años, los investigadores han usado una técnica de inteligencia artificial denominada aprendizaje profundo para automatizar ese análisis, pero el ruido de fondo sigue minando la fiabilidad.

En el nuevo trabajo, los investigadores han entrenado dos modelos de aprendizaje profundo para eludir el ruido. Empezaron suministrándoles miles de espectrogramas «limpios», que solo reflejaban las llamadas de las ballenas francas glaciales. Luego fueron añadiendo paulatinamente miles de espectrogramas contaminados con sonidos de fondo típicos, como el del motor de un petrolero. Según los científicos, los algoritmos resultantes pueden convertir los espectrogramas ruidosos en limpios, lo que reduciría las falsas alarmas y ayudaría a detectar las ballenas antes de que llegasen a zonas peligrosas.

A Shyam Madhusudhana, ingeniero de datos de la Universidad Cornell ajeno al estudio, le gustaría comprobar si esos modelos también sirven para localizar a otros mamíferos marinos. «Las ballenas jorobadas y los delfines poseen vías de expresión mucho más complejas que las ballenas francas», señala. Y Ben Milner, experto en aprendizaje automático de la Universidad de Anglia Oriental y coautor del estudio, pretende sacar esa tecnología fuera del agua y utilizarla en los bosques ucranianos, con la esperanza de identificar animales cerca del lugar donde se produjo la catástrofe de Chernóbil en 1986.

Peter Tyack, ecólogo del comportamiento de la Universidad de Saint Andrews que no participó en el trabajo, considera que se debería usar el nuevo sistema para averiguar dónde están las ballenas a lo largo del año, a fin de proteger esas zonas. «Esta técnica podría ser fantástica para calcular la densidad y abundancia de esas ballenas en lugares donde resulta difícil verlas», opina.

Con todo, Tyack advierte que ese no debería ser el único método para evitar las colisiones con los barcos o los enredos. En su trabajo, ha descubierto que las ballenas francas glaciales pueden permanecer calladas durante horas, por lo que sería fácil que una escapase a la vigilancia acústica pasiva. Y matar a unos pocos ejemplares, concluye, «podría conducir a la extinción de la población entera».

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