La genética ofrece pistas sobre la evolución de la homosexualidad

Un estudio halla que los marcadores genéticos asociados al comportamiento homosexual
podrían favorecer la reproducción en las personas heterosexuales. No todos los científicos comparten las conclusiones.

Varios estudios han señalado que el comportamiento homosexual tiene un componente genético hereditario. Hasta ahora, sin embargo, los investigadores ignoran qué mecanismo hace que dicho componente genético se transmita de generación en generación. [GETTY IMAGES/MIXMIKE/ISTOCK]

Para los biólogos evolutivos, la genética de la homosexualidad no deja de resultar paradójica. En teoría, las personas o los animales que solo se sienten atraídos hacia individuos de su mismo sexo no deberían tener mucha descendencia biológica, por lo que cualquier factor genético que predisponga a la homosexualidad lo tendrá difícil para transmitirse a las generaciones futuras. Sin embargo, la homosexualidad está extendida entre los seres humanos y numerosas investigaciones han indicado que, al menos en parte, tiene un componente genético.

Ahora, un estudio con cientos de miles de participantes ha identificado varios patrones genéticos asociados al comportamiento homosexual y ha hallado que, en las personas heterosexuales, esos mismos patrones genéticos parecen estar vinculados a haber tenido un mayor número de parejas sexuales a lo largo de la vida, un rasgo que favorecería la reproducción. Los autores sostienen que sus resultados, publicados en Nature Human Behaviour, podrían ayudar a entender por qué el componente genético que predispone a la homosexualidad ha continuado transmitiéndose a lo largo de las generaciones. Por su parte, otros científicos cuestionan que los datos disponibles permitan extraer conclusiones definitivas.

En el nuevo trabajo, Brendan Zietsch, genetista evolutivo de la Universidad de Queensland (Australia), y sus colaboradores usaron datos del Biobanco del Reino Unido, del Estudio Longitudinal Nacional de Salud de Adolescentes a Adultos de EE.UU. y de la compañía de genómica 23andMe, con sede en California. Tales datos incluían secuencias de genomas y cuestionarios sobre el comportamiento sexual de los participantes. Los investigadores analizaron el genoma de 477.522 personas que dijeron haber mantenido relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo al menos una vez en la vida, y luego compararon los resultados con los genomas de 358.426 individuos que declararon haber mantenido exclusivamente relaciones heterosexuales. El estudio solo tuvo en cuenta el sexo biológico, no el género, y no incluyó a aquellos participantes cuyo género y sexo no coincidían.

En un trabajo publicado en 2019, el grupo de Zietsch halló que las personas que habían mantenido relaciones homosexuales al menos una vez en la vida tendían a compartir patrones de pequeñas diferencias genéticas dispersas por el genoma. Por sí sola, ninguna de esas variaciones parecía afectar en gran medida al comportamiento sexual, lo que respaldaba estudios previos que no habían encontrado indicios de la existencia de un «gen gay». Sin embargo, el conjunto de patrones genéticos sí parecía tener un moderado efecto global que, según el estudio, explicaba entre el 8% y el 25% de la variación en la conducta homosexual.

En el nuevo trabajo, los investigadores han usado un algoritmo informático para simular la evolución humana a lo largo de 60 generaciones. Al hacerlo, hallaron que el conjunto de variaciones genéticas asociadas al comportamiento homosexual tendría que haber desaparecido a menos que, de algún modo, ayudara a las personas a sobrevivir o a reproducirse.

Homosexualidad y número de parejas
Zietsch y su equipo se propusieron analizar si esos mismos patrones genéticos podrían otorgar alguna ventaja evolutiva. En concreto, se preguntaron si podrían estar relacionados con el número de parejas sexuales que tiene una persona a lo largo de la vida. Para ello, clasificaron a los participantes que solo habían mantenido relaciones heterosexuales en función del número de parejas que dijeron haber tenido. Al analizar los datos, encontraron que quienes habían tenido muchas parejas tendían a compartir algunos de los marcadores genéticos previamente observados en quienes habían mantenido relaciones homosexuales.

Los autores también descubrieron que las personas que habían mantenido relaciones homosexuales compartían marcadores genéticos con aquellas que se describían a sí mismas como arriesgadas y abiertas a nuevas experiencias. Además, constataron un pequeño solapamiento entre las personas heterosexuales que mostraban patrones genéticos asociados a la homosexualidad y aquellas a quienes los entrevistadores calificaron como físicamente atractivas. Zietsch sugiere que algunos rasgos como el carisma o el impulso sexual podrían tener un componente genético que se solapa con el asociado al comportamiento homosexual. Con todo, advierte de que tales rasgos no se incluyeron en los datos, por lo que «no es más que una suposición».

Los autores reconocen muchas de las limitaciones del estudio. En primer lugar, todos los participantes vivían en el Reino Unido o en EE.UU. y eran de ascendencia europea. Y los cuestionarios preguntaban por el comportamiento sexual, no por la orientación sexual. Además, la mayoría de los participantes nacieron en una época en que la homosexualidad era ilegal o tabú en sus respectivos países, por lo que muchas de las personas que se sentían atraídas hacia otras de su mismo sexo pudieron no haberse comportado nunca conforme dicha atracción. En tal caso, el estudio las habría calificado de manera errónea como puramente heterosexuales.

Julia Monk, ecóloga y bióloga evolutiva de la Universidad Yale, cree que tales limitaciones son tan importantes que impiden extraer conclusiones realistas sobre la relación entre genética y orientación sexual. La investigadora añade que, en las sociedades modernas, la reproducción y el comportamiento sexual ejercen un papel muy diferente del que pudieron haber tenido para nuestros ancestros, lo que hace muy difícil determinar su influencia en la evolución humana. Por ejemplo, dado que hoy muchas enfermedades de transmisión sexual tienen cura, es posible que las personas tengan más parejas sexuales que en el pasado. Y la existencia de métodos de control de la natalidad y tratamientos de fertilidad anula muchas de las ventajas reproductivas que podrían proporcionar los genes. «El comportamiento de la gente en lo que respecta al sexo y la reproducción se encuentra muy influido por la cultura, por lo que indagar en la genética puede que resulte casi imposible», sostiene Monk.


Vínculos débiles
Qazi Rahman, psicólogo del King’s College de Londres, cree que el nuevo trabajo está bien realizado, pero se muestra escéptico con algunas de sus conclusiones. Opina que los conjuntos de datos estaban demasiado sesgados hacia aquellas personas dispuestas a revelar su comportamiento sexual a los entrevistadores, lo que en sí mismo podría considerarse un «comportamiento de riesgo» que pudo haber acabado reflejado en los datos genéticos. Rahman añade que, una vez que los datos se desglosan en hombres y mujeres, y en aquellos que solo han tenido parejas del mismo sexo frente a quienes han mantenido relaciones homosexuales, el número de personas en cada grupo se vuelve tan pequeño que los vínculos genéticos se debilitan.

Dean Hamer, genetista retirado que publicó algunos de los primeros estudios sobre la genética de la orientación sexual, se muestra decepcionado por el estudio. Opina que definir la orientación sexual sobre la base de una única relación con alguien del mismo sexo no constituye una manera útil de clasificar a las personas, ya que muchos individuos que se identifican como heterosexuales han experimentado alguna vez una relación con alguien de su mismo sexo. «Ni siquiera se está haciendo la pregunta correcta a las personas adecuadas», afirma. En cambio, sí cree que los investigadores han encontrado marcadores genéticos asociados a la apertura a nuevas experiencias, lo que podría explicar el solapamiento entre las personas que han tenido una pareja homosexual y aquellos individuos heterosexuales que han tenido muchas parejas.

Zietsch sostiene que la inclinación a asumir riesgos solo puede explicar una parte del vínculo estadístico entre los marcadores asociados a las relaciones homosexuales y aquellos relacionados con el número de parejas. Y admite que emplear una única experiencia homosexual como indicador de la orientación sexual de una persona no es lo más idóneo, pero explica que se hizo así porque el Biobanco del Reino Unido no incluía datos sobre la orientación sexual. No obstante, el análisis de los datos de la compañía 23andMe reveló una fuerte superposición genética entre quienes refirieron experiencias homosexuales y quienes se describieron como atraídos hacia personas de su mismo sexo, lo que sugiere que los mismos genes controlarían ambos factores.

Hamer reconoce que relacionar un comportamiento complejo con la genética es extremadamente difícil, pero se alegra de que los autores se hayan decidido a investigar la orientación sexual. «Está muy poco estudiada, más aún teniendo en cuenta que se trata de una fuerza motriz de la especie humana», razona. «Es una buena pregunta, solo que no han encontrado una respuesta.»


Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.


Referencia: «Genomic evidence consistent with antagonistic pleiotropy may help explain the evolutionary maintenance of same-sex sexual behaviour in humans». Brendan P. Zietsch et al. en Nature Human Behaviour, 23 de agosto de 2021.


Este artículo apareció publicado en línea en la sección de Actualidad Científica el 26 de agosto de 2021.

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