Salvar el planeta con la ciencia como herramienta

Ecología, ecologismo y todo lo que podemos hacer en el día a día para disminuir nuestra huella ambiental.

Ecologismo real, J. M. Mulet

 

ECOLOGISMO REAL
TODO LO QUE LA CIENCIA DICE QUE PUEDES HACER PARA CONSERVAR EL PLANETA Y LOS ECOLOGISTAS NO TE DIRÁN NUNCA
José Miguel Mulet
Destino, 2021
384 págs.


Como bien indica la contraportada de este libro, el cambio climático es una realidad irrefutable cuyos efectos serán desastrosos para la humanidad si no nos tomamos el problema en serio. Junto al cambio climático, distintos daños ambientales como la proliferación de residuos, la contaminación y la pérdida de biodiversidad no solo están poniendo en jaque la vida en nuestro planeta tal y como la conocemos, sino nuestro propio estilo de vida y nuestra salud. La minimización de estos daños requiere reducir el impacto de nuestro modo de vida. Cómo conseguirlo pasa necesariamente por la acción de Gobiernos y entidades supranacionales, así como por la de las compañías que producen los bienes y servicios que consumimos. Sin embargo, como ciudadanos de a pie, tenemos también un importante papel en este proceso.

En las últimas décadas han tenido lugar grandes avances en la concienciación ambiental de la sociedad. Pese a ello, para muchas personas no es fácil saber por dónde empezar ni todo lo que puede hacerse para minimizar el impacto de nuestro modo de vida. Es aquí donde entra en escena este libro de José Miguel Mulet, catedrático de biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia y uno de los divulgadores científicos más conocidos de España, quien nos propone usar la ciencia para lograrlo.

El cuerpo principal de la obra se compone de seis capítulos centrados en sendos aspectos clave de nuestro día a día y que tienen un fuerte impacto ambiental (cómo nos alimentamos, movemos y vivimos, y cómo usamos los electrodomésticos, reciclamos y empleamos la energía), los cuales se completan con una introducción y dos capítulos dedicados al ecoblanqueo (greenwashing) y al ecologismo, que es enérgicamente criticado a lo largo de todo el libro. Sin duda, Mulet se ha planteado un reto bien ambicioso en este ensayo, ya que condensar en unas 400 páginas todo lo que puede hacerse para conservar el planeta de una manera objetiva y entendible para el público general no es nada fácil, máxime cuando la literatura científica sobre los temas tratados es colosal.

El libro presenta distintas virtudes, siendo una de las principales su sencillez y el estilo con el que está escrito. Se nota que el autor es un divulgador experimentado y capaz de usar con maestría el lenguaje, ya que la obra resulta accesible y entretenida (y en ocasiones hasta divertida, diría yo). Otros aspectos positivos son la gran variedad de temas tratados y las numerosas recomendaciones prácticas para reducir nuestra huella ambiental, las cuales no solo tienen aval científico sino que son de sentido común.

Ecologismo real incita también a reflexionar sobre cuestiones en las que abundan los prejuicios (¿es el modelo turístico de Benidorm malo para el medio ambiente?, ¿somos menos considerados con el planeta por aguantar nuestro coche unos años, o todo lo contrario?), algo que personalmente aprecio mucho en un ensayo de estas características. Y la discusión sobre las relaciones entre el ecologismo y la pseudociencia, el etiquetado ambiental y los orígenes del ecologismo político, así como las consecuencias de determinadas «políticas verdes» que acaban teniendo impactos ambientales y sociales negativos proporcionan elementos para la autocrítica, la reflexión y el debate. Todas estas ideas son sin duda interesantes y no siempre son tratadas en obras de esta naturaleza.

El libro tiene también sus defectos. Entre ellos, la brevedad o parcialidad con la que se tratan algunos de los temas más complejos y polémicos, la inclusión de cifras que no pueden contrastarse con la bibliografía proporcionada, y el uso de afirmaciones que, considerando todas las pruebas científicas disponibles, resultan difíciles de creer. A modo de ejemplo, Mulet afirma que «el ganado en cultivo extensivo (suelto) tiene más impacto ambiental (casi el doble) que el ganado en establo». ¿Podemos afirmar esto, de una forma genérica y tan rotunda, si tenemos en cuenta todos los impactos ambientales asociados a la intensificación ganadera, desde la contaminación in situ generada por las granjas, hasta la deforestación allende nuestros mares para cultivar la soja que importamos para producir el pienso con el que alimentamos a los animales estabulados?

Entre las cifras que no he podido contrastar se encuentra la que aparece en la afirmación «en España, por ejemplo, el 66,5 por ciento del plástico de los envases se recicla». Se trata de una cifra muy superior al 48 por ciento que arrojan los datos oficiales del Ministerio de Transición Ecológica (en 2017, las últimas disponibles). Y me ha sorprendido también que, cuando habla de residuos y reciclaje, el libro dedique mucho más espacio a criticar el sistema de depósito, devolución y retorno (apoyado por distintos grupos ecologistas, sindicatos y organizaciones de consumidores y recicladores) que a discutir las numerosas deficiencias y limitaciones de nuestro sistema actual [véase «El reciclaje no es como nos lo habían contado», por Fernando T. Maestre; Investigación y Ciencia, febrero de 2021]. O que en el capítulo de greenwashing hable más de los ecologistas que de las grandes corporaciones y de sus malas prácticas al respecto.

La obra deja también entrever que la preocupación por el medio ambiente es algo propio de países ricos. Pero la realidad es más compleja, como bien lo atestiguan las lamentables cifras de activistas ambientales asesinados y amenazados en países en vías de desarrollo, así como las numerosas iniciativas locales para luchar contra la deforestación, la desertificación y el cambio climático que están surgiendo a lo largo y ancho del mundo.

Como ecólogo y persona preocupada por el impacto de nuestras acciones sobre el planeta, he leído con mucho interés Ecologismo real. Un libro que, además, me generó muchas expectativas al basarse en la evidencia científica como punto de partida para proponer medidas efectivas que nos ayuden a minimizar el daño sobre el entorno. Por los motivos expuestos más arriba, no las ha cumplido del todo. Aunque, como también he mencionado, la obra tiene distintas virtudes que hay que reconocer. Entiendo que no es posible tratar la gran cantidad de temas que se tocan en el libro con gran detalle. Pero la obra habría ganado muchos enteros si los temas más complejos y polémicos se hubieran discutido con mayor profundidad y de una forma más equilibrada, así como si se hubieran añadido notas al pie con las fuentes bibliográficas para poder contrastar con facilidad la información, algo básico para dotar de rigor científico a los distintos argumentos expuestos a lo largo de las páginas.

Pese a que el libro contenga aspectos y afirmaciones que no comparta, hay algo en lo que sí coincido plenamente con el autor: la ciencia es la mejor herramienta que tenemos para intentar solucionar los principales problemas ambientales. Pero pensar que la ciencia y la tecnología van a resolverlos sin que nosotros hagamos nada es un gran error. Tenemos, pues, que ponernos manos a la obra. Y, parafraseando al autor, buscar los desired paths que hagan que en nuestro día a día minimicemos la huella ecológica. Consejos prácticos como los proporcionados en este libro, que en muchos casos coinciden también con los propuestos por los ecologistas (el ecologismo «real» propugnado en estas páginas y el «tradicional» defendido por los grupos ecologistas tienen puntos en común), resultarán sin duda de gran ayuda para lograrlo.

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