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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2013Nº 437
Taller y laboratorio

Materiales

Creación de una metaloteca

El estudio sistemático de la materia constituye una de las puertas de entrada a la ciencia y la tecnología.

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Apreciado lector, levante por unos instantes los ojos de las páginas que está leyendo y observe su entorno. A poco que se fije descubrirá multitud de artefactos metálicos a su alrededor. Compruebe que los metales no se utilizan solo a modo de elemento estructural; forman parte indispensable en todo tipo de objetos. Verbigracia, se esconden en las bisagras de los muebles, en los contactos de los interruptores eléctricos, en las soldaduras de los circuitos integrados de su teléfono móvil y en los clips de papel. De todo ello no resulta difícil concluir que nuestra civilización ha construido un mundo metálico, al menos en parte —algo bien distinto del mundo natural, donde los metales son prácticamente invisibles.

Curiosamente, las interesantísimas propiedades de los metales son desconocidas para muchos. Y lo que es peor, para la mayoría de los estudiantes, y sin que ello produzca ninguna alarma. La mayor parte de mis alumnos confundían la plata con el aluminio, el hierro con el titanio o el zinc con el estaño. Hemos llegado así a una situación paradójica: mientras se consideran faltas graves la confusión de algunas letras o el olvido de una «h» en cualquier palabra, no despierta preocupación alguna que nuestros pupilos sean incapaces de distinguir el oro del latón. El asunto no es baladí, de la misma forma en que resulta esencial escribir con corrección, es también importante conocer el idioma de la materia, el alfabeto tangible con el que hemos construido nuestro universo tecnológico, paso previo a numerosas vocaciones científicas.

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