Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2013Nº 437
Historia de la ciencia

Historia de la física

El electrón y su familia

J. J. Thomson, G. P. Thomson y el paso de la física clásica a la cuántica.

Menear

En 1927, el joven catedrático de filosofía natural de la Universidad de Aberdeen, en Escocia, George Paget Thomson, publicaba las primeras fotografías en las que se visualizaba la difracción de electrones, demostrando así el principio de dualidad onda-corpúsculo. Treinta años antes había sido su padre, Joseph John Thomson, quien había mostrado que un fenómeno aparentemente ondulatorio, los rayos catódicos, eran el resultado de un flujo de corpúsculos diminutos: los electrones. En una primera lectura irónica se podría pensar que, al devolver a los electrones parte de su condición ondulatoria, el hijo estaba socavando la teoría corpuscular de la materia que su padre había construido. Nada más lejos de la realidad.

El programa de J. J. Thomson
Nacido en Manchester en 1856, J. J. Thomson pertenece a lo que un historiador de la ciencia llamó la segunda generación de maxwellianos en Cambridge: gente cuya educación se basaba en la aplicación y el desarrollo de los principios establecidos por Maxwell en su Tratado de electricidad y magnetismo de 1873. Su misión no era la de criticar o poner en duda dichos principios, sino la de llevarlos a la práctica y sacar todas sus consecuencias, para llegar donde Maxwell no había podido, dada su temprana muerte.

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados