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1 de Febrero de 2013
Evolución

Leche materna para niños y leche materna para niñas

Thomas Fuchs

Puede que la leche materna sea el primer alimento, pero no siempre es igual. Se ha descubierto que, en los humanos y en otros mamíferos, la composición de la leche cambia dependiendo del sexo del niño y de si las condiciones que lo rodean son buenas o no. Estudiar esas diferencias puede ayudar a conocer mejor la evolución humana.

Un grupo de investigadores de la Universidad estatal de Michigan y otras instituciones descubrió que, entre 72 mujeres de las zonas rurales de Kenia, la leche de las que tenían hijos varones solía ser más rica (2,8 por ciento de materia grasa) que la de las madres que tenían una hija (0,6 por ciento). Las mujeres pobres, sin embargo, favorecían a sus hijas con una leche con más nata (2,6 en comparación con el 2,3 por ciento). Estos resultados, publicados en septiembre en el American Journal of Physical Anthropology, recuerdan a trabajos anteriores que mostraron que la composición de la leche dependía en las focas grises y en los ciervos comunes del sexo de la cría, y del sexo de la cría y del estado de la madre en los macacos rhesus. El nuevo estudio también fue precedido por datos que mostraban que las madres en buenas condiciones económicas y bien alimentadas de Massachusetts producían leche con mayor densidad de energía para los niños varones.

En conjunto, los estudios respaldan una teoría de la biología evolutiva elaborada hace cuatro décadas. Según la hipótesis de Trivers-Willard, la selección natural favorece que los progenitores inviertan en hijas en épocas difíciles y en hijos en épocas fáciles. Este desequilibrio debería ser mayor en las sociedades polígamas, donde los hombres pueden engendrar hijos con varias mujeres, como sucede en las aldeas de Kenia. En esas sociedades, un hijo puede crecer para convertirse en un varón fuerte y popular, con muchas mujeres y niños, o puede acabar sin ambos. Los padres acomodados que pueden permitirse invertir en sus hijos varones deberían hacerlo, porque su apuesta podría darles muchos nietos. En cambio, los padres pobres no deberían invertir mucho en hijos varones, porque ello muy probablemente no producirá buenos resultados, ya que empezarían su vida en la parte inferior de la jerarquía socioeconómica. Para esas familias, las hijas constituyen una apuesta más segura, porque si sobreviven hasta la edad adulta probablemente se convertirán en madres.

El nuevo estudio es «emocionante y fascinante», afirma Robert Trivers, experto en biología evolutiva de la Universidad Rutgers y uno de los autores de la hipótesis, que no participó en la investigación. «Es un efecto Trivers-Willard que no me habría atrevido a predecir.»

Además de la grasa y las proteínas, también pueden variar en los humanos otros componentes de la leche, explica Katie Hinde, profesora de biología evolutiva humana en la Universidad Harvard. Hinde ha encontrado niveles mayores de cortisol, una hormona que regula el metabolismo, en la leche de hembras de macaco rhesus que habían tenido una cría macho. Su trabajo muestra que las diferencias en la leche podrían cambiar el comportamiento de las crías y afectar al crecimiento y al desarrollo. «Lo que produce la madre es solo una mitad de la historia», afirma Hinde. «La otra es la forma en que la cría aprovecha la leche.» Estos resultados podrían ayudar a mejorar la leche artificial para bebés; se podría ajustar su composición para optimizar el desarrollo tanto de los niños como de las niñas.

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