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1 de Julio de 2017
Robótica

El ayudante robótico de la abuela

Las máquinas capaces de entender señales sociales humanas allanan el camino para fabricar asistentes robóticos para ancianos.

El robot Pepper, de SoftBank Robotics, puede entender emociones humanas y responder a ellas. Se ha diseñado una versión de esta máquina para ayudar a las personas mayores. [CORTESÍA DE SOFTBANK ROBOTICS]

Los robots ya realizan numerosas tareas que hasta hace poco eran exclusivamente humanas, desde pasar la aspiradora hasta practicar cirugía. Se espera que pronto puedan también ayudar a enfermos y ancianos. Sin embargo, hasta que no logren discernir e imitar las emociones de manera convincente, su valor como cuidadores será muy limitado. En un esfuerzo por crear máquinas más «amistosas», se están desarrollando ayudantes robóticos que sepan entender las señales sociales y reaccionar mejor a ellas.

A finales de 2016, IBM y la Universidad Rice presentaron el Asistente Robótico Multipropósito para Ancianos (MERA), una versión adaptada del robot Pepper, de la compañía japonesa SoftBank Robotics. Pepper, un androide de color marfil con la estatura de un niño de siete años, puede detectar emociones humanas y responder a ellas por medio de indicaciones vocales y expresiones faciales, por lo que ya ha sido usado como ayudante amistoso en tiendas y hogares japoneses. MERA, diseñado expresamente como acompañante doméstico de ancianos, graba y analiza vídeos de la cara de una persona y calcula signos vitales, como el ritmo cardíaco y respiratorio.

Gracias a la tecnología del habla con que está equipado, desarrollada originalmente para Watson (la célebre máquina de IBM que en 2011 ganó el concurso de televisión Jeopardy!), MERA puede conversar con un paciente y responder preguntas sobre salud. «Lo tiene todo junto en un adorable ser», asegura Susann Keohane, fundadora del Laboratorio de Investigaciones sobre la Vejez en Casa, de IBM.

Por su parte, la robotista de la Universidad de California del Sur Maja Matarić y sus colaboradores están aplicando una estrategia diferente aunque complementaria al desarrollo de máquinas sociales: robots que aprovechan las dinámicas sociales humanas para ayudar a los ancianos a valerse por sí mismos. «Hemos visto que la gente realmente necesita ayuda con la motivación», explica la investigadora. «Por eso hemos creado el campo de la robótica socialmente asistencial: máquinas que ayudan a las personas mediante una interacción, no física, sino social.» Para los ancianos, esa asistencia puede adoptar múltiples formas, desde guiarlos en la terapia física hasta ayudarlos a socializar con amigos y familiares.

Matarić y su equipo han puesto a prueba hace poco a Spritebot, un búho verde robot, de unos treinta centímetros de alto, que ayuda a los mayores a jugar con sus hijos o nietos. Los investigadores se percataron de que las personas hablaban más entre sí y jugaban durante más tiempo cuando Spritebot tomaba parte en sus interacciones y las moderaba.

En el futuro, Matarić y sus colaboradores planean emparejar a ancianos con acompañantes robóticos que los animen a practicar hábitos saludables, como caminar más. La investigadora espera que, al estudiar la manera en que las personas interaccionan con estas máquinas a medida que pasa el tiempo, su equipo podrá entender el proceso de formación de hábitos así como la dinámica del vínculo entre seres humanos y robots.

Puede que los robots asistenciales se tornen necesarios debido a una falta de acompañantes humanos para los ancianos. Con todo, Matarić señala que los robots presentan también algunas ventajas intrínsecas sobre sus análogos de carne y hueso: «La paciencia de las máquinas es infinita. Tienen [menos] prejuicios y no se esperan nada».

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