Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Julio de 2017
Neurociencia

La sustancia de los sueños

La identificación de una zona activa en el cerebro durmiente abre una ventana al conocimiento de la consciencia.

GETTY IMAGES

«Dormir, acaso soñar.» Shakespeare tal vez no se refería exactamente a nuestros viajes nocturnos a otro mundo, pero eso no resta en absoluto misterio ni trascendencia al fenómeno de los sueños. Investigaciones recientes están ampliando nuestros conocimientos y ofreciendo nuevas perspectivas sobre la consciencia.

El sueño proporciona a la ciencia un modo de estudiar la consciencia en todas sus diversas formas, desde los sueños vívidos hasta la ausencia de toda percepción, asegura el neurocientífico Benjamin Baird. Cuando alguien echa una cabezada es posible aislar sus experiencias conscientes de la influencia confusa de los sentidos.

En un intento reciente por investigar el cerebro durmiente, Baird y el experto en la consciencia Giulio Tononi, ambos de la Universidad de Wisconsin en Madison, y sus colaboradores colocaron mallas de electrodos sobre el cuero cabelludo de personas que dormían para registrar sus ondas cerebrales mediante electroencefalografía de alta densidad. A intervalos frecuentes despertaban a los voluntarios para preguntarles si habían soñado y, en tal caso, que describieran sus ensueños. Uno de sus experimentos recopiló en total casi 200 relatos de 32 participantes, y un segundo añadió unos 800 más de un grupo más pequeño que había sido instruido para describirlos.

El equipo descubrió una zona crítica en la parte posterior de la corteza cerebral, cerca de la nuca, donde las ondas de baja frecuencia (vinculadas con la inconsciencia) disminuían y la actividad de alta frecuencia aumentaba cuando las personas referían haber estado soñando, fuera o no durante la fase de movimientos oculares rápidos, o REM. (A pesar de una creencia habitual, puede soñarse tanto en el transcurso de la fase REM como en la no-REM, la fase lenta del sueño.) Los hallazgos se han descrito en Nature Neuroscience.

En un tercer experimento con siete individuos, los expertos predijeron con una precisión del 87 por ciento si los participantes estaban soñando. Además, la actividad de las ondas en ciertas regiones del cerebro apareció vinculada con contenidos concretos del sueño: lugares, caras y discurso. Esas mismas zonas permanecen activadas durante la vigilia. «En el estudio no intentamos predecir el contenido [de los sueños]», matiza Baird, pero afirma que sería interesante intentarlo.

La estrategia seguida por los investigadores supone «un paradigma realmente fresco y novedoso», asegura Christof Koch, presidente y director científico del Instituto Allen de Neurociencia, en Seattle, que no ha participado en el trabajo. Descubrir que la actividad onírica estaba desplazada hacia la parte posterior del cerebro causó sorpresa, asegura, porque existe la idea generalizada de que la consciencia emana de las regiones frontoparietales. Una limitación del estudio es la demora entre el despertar del individuo y la rememoración del sueño. Koch afirma que, a la larga, «pretendemos acercarnos cada vez más a la experiencia en sí».

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

También te puede interesar

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.