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1 de Julio de 2017
Evolución humana

Los albores de la tecnología

Nuevos restos hallados en Kenia refutan la teoría clásica sobre el origen de la industria lítica y su impacto en la evolución humana.

Las excavaciones arqueológicas efectuadas en el yacimiento de Lomekwi3, en el noroeste de Kenia, han dejado al descubierto los utensilios líticos más antiguos hallados hasta la fecha. [ANDREW RENNEISEN]

En síntesis

La explicación tradicional de la evolución humana sostiene que la industria lítica es una creación propia de nuestro género, Homo, como adaptación a las variaciones del clima.

Según dicha hipótesis, esa adaptación propició la inmediata aparición en nuestro linaje de un bucle retroalimentado entre el tamaño del cerebro y los avances técnicos.

Con una antigüedad de 3,3 millones de años, los útiles líticos descubiertos recientemente en Kenia son muy anteriores al primer fósil de Homo, por lo que refutan ese argumento.

Las tierras baldías del desierto que bordea la orilla noroccidental del lago Turkana, en Kenia, tienen poco que ofrecer a sus moradores. El agua potable escasea y la fauna casi ha desaparecido. Los turkana sobreviven a duras penas en estos terrenos áridos pastoreando cabras, ovejas, vacas, burros y algún camello. Es una vida dura. Pero hace millones de años en este lugar abundaba el agua, la vegetación y la fauna. Debió ser un paraíso para los antepasados de la humanidad que se asentaron aquí.

Sonia Harmand vino a esta región para estudiar el legado que nuestros ancestros remotos dejaron grabado en las piedras. Arqueóloga en la Universidad de Stony Brook, es una mujer de mirada penetrante y porte imponente. En una mañana brumosa de julio, examina un pedazo de piedra sentada ante una pequeña mesa plegable de madera. De color gris pardusco y el tamaño de una uña, un ojo inexperto diría que no es más que otra vulgar piedra. Pero es justo lo que andaba buscando. Una quincena de trabajadores de Kenia, Francia, Estados Unidos e Inglaterra están excavando en la ladera de un montículo. Con martillo y cincel rompen el duro sedimento ocre en busca de pedazos de roca que puedan revelar vestigios de actividad humana. En la cima, las botellas de agua cuelgan como adornos navideños en las ramas espinosas de una acacia. Así, la brisa matutina las mantendrá algo frescas antes de que arrecie el calor diurno. Por la tarde la temperatura del aire rondará los 40 oC y la superficie de la excavación, sin viento y abrasada por el sol, hará honor a su apodo: el horno.

En 2015 Harmand y su marido, Jason Lewis, paleoantropólogo de la Universidad de Stony Brook, anunciaron que su equipo había descubierto herramientas líticas de hace 3,3 millones de años en el yacimiento Lomekwi 3. Eran las más antiguas descubiertas hasta la fecha y cambiaron el panorama de la evolución humana. Los estudiosos quieren saber quién las hizo y por qué. Pero también tienen otra tarea más inmediata: desenterrar nuevos indicios de que, en efecto, son tan antiguas como parece.

El fragmento que Harmand sostiene en su mano constituye la primera prueba que su equipo ha recuperado de la manufactura de útiles líticos. Se desprendió al golpear una piedra contra otra con el propósito de extraer una pequeña lasca. Su escaso tamaño indica que el yacimiento no ha sido alterado por corrientes de agua durante el largo lapso de tiempo transcurrido. A su vez, avala la idea de que las herramientas de Lomekwi 3 proceden de esta antigua capa de sedimentos y no de otra más reciente. Una vez alcanzado el nivel del yacimiento que contiene los útiles, los excavadores deben proceder con sumo cuidado. «Pole, pole», les indica Harmand en suajili: «Poco a poco».

Hace tiempo que los paleoantropólogos consideran la fabricación de herramientas de piedra como una de las características definitorias del género Homo y la clave de nuestro éxito evolutivo. Otros animales usan herramientas, pero solo el ser humano es capaz de modelar a su conveniencia materiales duros como la roca. Además, solo nosotros refinamos innovaciones anteriores, para mejorar su utilidad y complejidad con el tiempo. «Parece que somos los únicos que nos hemos vuelto totalmente dependientes de la técnica. No es una simple muleta para ayudarnos. La hemos incorporado a nuestro ser», opina Michael Haslam, de la Universidad de Oxford.

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