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1 de Julio de 2017
Etología

Osos bailones

Los movimientos de torsión que realizan con las patas dejan mensajes olorosos en las huellas.

ART WOLFE, GETTY IMAGES

Los biólogos que estudian los osos saben desde hace decenios que estos carnívoros exhiben a veces una peculiar forma de caminar que ha sido descrita con nombres tan variopintos como «el pavoneo del luchador de sumo», «los andares de vaquero» o, sencillamente, «la danza osuna». Numerosos investigadores han conjeturado sobre su razón de ser, pero por fin un estudio aporta indicios sólidos que explicarían semejante conducta.

A cada paso, el oso restriega con fuerza sus zarpas sobre el suelo, como si apagara una colilla. En ocasiones lo hace sobre las pisadas dejadas por otros congéneres después de husmearlas a conciencia. Algunos hemos comparado esas huellas colectivas con autopistas porque con el tiempo se vuelven muy transitadas.

«Todos sospechábamos que había algo en las huellas», explica Agnieszka Sergiel, bióloga del Instituto para la Conservación de la Naturaleza de la Academia Polaca de Ciencias y una de las autoras del estudio, publicado hace poco en Scientific Reports. «Pero nadie lo había investigado formalmente.» Ella y sus colaboradores se preguntaban si los plantígrados dejan su olor a través de las glándulas alojadas en sus zarpas mientras caminan como medio de comunicación.

El equipo de Sergiel examinó un par de osos pardos y comprobó que, en efecto, albergan glándulas sudoríparas, lo que hace pensar que las pisadas dejan un rastro oloroso. También descubrieron 26 compuestos volátiles (seis exclusivamente masculinos) en el sudor de las patas, lo cual indica que los osos podrían usar el aroma para averiguar el sexo de los que les han precedido en sus pasos. Sergiel asegura que las huellas son como buzones, aunque sus mensajes siguen siendo una incógnita.

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