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Tipografía digital

De los mapas de bits a los polinomios de Bernstein y las curvas de Bézier.

El famoso alfabeto latino de Durero. [WIKIMEDIA COMMONS/CC BY-SA 3.0]

Es bien conocido que, durante el Renacimiento, artistas y matemáticos se dedicaron a aplicar el legado geométrico de la Grecia clásica a la pintura, la escultura y la arquitectura. Menos sabido es que lo mismo ocurrió con el diseño tipográfico. La invención y difusión de la imprenta convirtió el diseño de tipos en una necesidad donde la proporción y la geometría actuaron de guías. Artistas matemáticos como Luca Pacioli, Leonardo da Vinci o Alberto Durero incluyeron en sus obras descripciones precisas para el diseño de letras, siguiendo la vieja tradición geométrica griega de dibujar solo con regla y compás.

El matemático Luca Pacioli, de quien ya hemos hablado en esta columna, se preocupó en 1509, durante la impresión de su tratado De divina proportione, ilustrado por Da Vinci, por las proporciones armónicas ideales entre la masa impresa de tinta y la superficie del papel en blanco. Y dio instrucciones precisas para la elaboración de un alfabeto, que denominó alphabeto dignissimo antico, donde usaba básicamente cuadrados y círculos. El pintor Alberto Durero dedicó en 1525 un capítulo de su famosa obra Los cuatro libros de la medida a cómo aplicar reglas geométricas al diseño del alfabeto latino y gótico. Durero insertaba sus letras en cuadrados en los que determinaba lo que consideraba sus proporciones armónicas.

Las instrucciones que dictaron Durero y Pacioli para dibujar sus letras latinas y góticas pueden considerarse el inicio de la tipografía matemática. Durero, al crear su famosa firma (un monograma donde una D se insertaba dentro de una A, el cual estamparía en todas sus obras a partir de 1496) no solo enarbola el estandarte renacentista de la individualidad, sino que también marca el comienzo de la Edad Moderna del diseño tipográfico de identidad corporativa. A partir de entonces, la tipografía se convertiría en una fructífera área del diseño gráfico que, intentando pasar desapercibida, está presente de forma casi continua en nuestras vidas.

La llegada del ordenador
Cuatrocientos años más tarde, otra revolución tecnológica impactaría de forma decisiva en el diseño de tipos. A mediados de los años ochenta del siglo xx los ordenadores personales y la impresora láser transformaron de nuevo la tipografía. Con un ordenador corriente se conseguía componer texto con niveles de calidad similares a los de los sistemas profesionales: había nacido la tipografía digital.

Las primeras fuentes para ordenador eran de tipo bitmap, o de mapa de píxeles, y se usaban en publicaciones sin grandes exigencias técnicas. También conocidas como «rásters», su formato más elemental consiste en matrices rectangulares en las que un 1 significa un píxel negro, y un 0, uno blanco. De esta manera, la definición en pantalla o en un documento impreso de cada glifo depende del número de píxeles de la matriz que lo representa.

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