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1 de Agosto de 2007
Evolución

El origen de la vida

La aparición repentina de una macromolécula autorreplicante como el ARN era extremadamente improbable. Los iniciadores de la vida habrían sido entramados de reacciones químicas impulsados por una fuente de energía.

Los descubrimientos extraordinarios inspiran conclusiones extraordinarias. Así, James Watson explica que inmediatamente después de que él y Francis Crick desvelasen la estructura del ADN, Crick salió disparado hacia el pub Eagle para contar a todo el que estuviese dispuesto a escucharle que habían descubierto el secreto de la vida. La estructura del ácido nucleico, una elegante doble hélice, merecía tamaño entusiasmo. Sus dimensiones permitían el almacenamiento de información en un lenguaje de cuatro compuestos químicos, las bases nitrogenadas, que llevaban a cabo una función análoga a la que desempeñan las 28 letras del alfabeto.

La información se almacenaba en dos largas cadenas. Cada una especificaba el contenido de la otra. Tal organización sugería un mecanismo para la reproducción: primero, las dos hebras de la doble hélice de ADN se separaban; luego, nuevos nucleótidos (los ladrillos del ADN y que contienen las bases) se alineaban a lo largo de las hebras separadas y se unían. Se obtenían, así, dos dobles hélices, cada una réplica de la original.

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