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1 de Agosto de 1996
Enseñanza

La enseñanza de la filosofía

La palabra filosofía no oculta ninguna sabiduría misteriosa, sino que designa un acervo de instrumentos esenciales para seguir buscando la verdad, la justicia y la belleza.

Emilio Lledó.

En la cultura occidental hay un campo de saberes y experiencias intelectuales que se ha venido a llamar filosofía. Contra lo que suele creerse, tal palabra no oculta ninguna sabiduría misteriosa, alejada del hombre y de sus intereses. La filosofía fue, en sus comienzos griegos, una serie de preguntas y respuestas que algunos hombres se hicieron para entender el mundo que les rodeaba y la naturaleza que les constituía. Filosofía fue, pues, un maravilloso gesto de curiosidad y de vitalidad. Maravilloso porque el asombro, la extrañeza ante el mundo y el deseo de interpretarlo aparecían bajo ese asombro, promotor de esenciales preguntas. "¿Qué es lo que veo?" "¿Qué sentido tiene esto?" "¿Para qué vivir?" "¿Cómo vivir?" Sobre estas y otras parecidas preguntas, que fueron complicándose y agudizándose, se levantó un edificio teórico en el que, a lo largo de los siglos, se han almacenado muchas de las cuestiones que alimentan el espíritu humano.

La presencia de este edificio, en la tradición cultural, se ha hecho a través de los escritos de los filósofos; esos personajes que, desde los concretos presupuestos de cada época y como consciencia interpretadora y crítica de ella, nos entregaban su visión personal de la historia que los ceñía. El resultado de esas visiones es una sucesión de espejos en los que se reflejan problemas importantes del conocimiento y de la vida humana. Ese paisaje especulativo, cuyos límites marcan las palabras, es tan sutil y concreto que alcanza a los latidos de nuestra propia vida. El borde del lenguaje de los filósofos se levanta en la orilla paralela a ésta donde alienta y se consume nuestro tiempo.

Por eso todos somos filósofos; porque todos, o casi todos, hemos tenido que enfrentarnos alguna vez, aunque fuera equivocada o torpemente, con las cuestiones que ellos han planteado. Vivir es intentar entender, intentar juzgar, intentar saber. Y eso lo hacen todos los hombres.

Es, pues, un tesoro de valor incalculable el que, bajo el nombre de historia de la filosofía, tengamos extendida, a lo largo de veinticinco siglos, las experiencias y aventuras intelectuales de ese "animal que habla" y que lucha por la racionalidad.

Tener la posibilidad de tomar contacto con esas enseñanzas deslumbrantes y estimuladoras, y lograr que se incorporen a las estructuras de nuestra mente depende, en parte, de las instituciones que hoy administran la organización del saber. Es verdad que, a veces, ese saber filosófico ha caído en manos de enseñantes adormilados, incapaces de despertar el amor por el conocimiento; aniquiladores de curiosidad y creatividad juvenil. Ciertos programadores de la organización educativa, respirando aún el aire arcaico que, tal vez, padecieron, y contagiados de un insolente y romo pragmatismo, han decretado que la filosofía ya no es de este mundo. Incapaces de llevar adelante el más simple proyecto científico original, de inventar la más elemental ecuación, han asumido, miméticamente, de otros países, que sí inventan y sí piensan, una ideología supuestamente realista y tecnocrática.

Más vivo que nunca, el inmenso saber acumulado en la filosofía sigue ante nosotros como un espejo luminoso donde, al reflejarnos, formamos parte de ese ideal paisaje. Ante él, recobramos instrumentos esenciales para seguir buscando la verdad, para defendernos de la mentira y la insidia, para descubrir lo justo y lo bueno, para interpretar las imágenes sin sustancia que llenan nuestro mundo. Olvidar la filosofía sería un estéril y cruel ejercicio de ceguera: hoy que es tan importante la luz y la mirada.

Artículo incluido en

¿Qué debe enseñarse en el bachillerato?

    • La redacción

Desde el siglo pasado, no ha habido apenas gobierno en nuestra nación que no reformara el plan de estudios del precedente. Investigación y Ciencia ha solicitado a reconocidos representantes de distintas disciplinas de Francia y España que expongan qué les hubiera gustado recibir a ellos.

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