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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Diciembre 2014Nº 459

Historia de la ciencia

El caso contra Copérnico

La oposición a la revolucionaria idea de que la Tierra gira alrededor del Sol no provino solo de las autoridades religiosas. Los datos disponibles en aquella época apoyaban una cosmología diferente.

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En 2011, un equipo del CERN envió un haz de neutrinos desde Ginebra hasta el Laboratorio Nacional de Gran Sasso, en Italia, situado a 730 kilómetros de distancia. Al cronometrar el viaje, los investigadores del centro italiano observaron que, de algún modo, las partículas parecían haber sobrepasado la velocidad de la luz en el vacío. ¿Cómo respondió la comunidad científica? En lugar de dar la espalda a la teoría de la relatividad de Einstein, muy bien establecida y según la cual nada puede viajar más rápido que la luz, la gran mayoría supuso que lo más probable era que todo se debiese a algún error en las mediciones. Meses más tarde, se comprobó que así había ocurrido.

Ahora imaginémonos dentro de cuatro siglos, en un futuro en el que las ideas de Einstein han sido superadas y en el que se ha demostrado que, en efecto, los neutrinos pueden viajar más rápido que la luz. ¿Cómo interpretaríamos la reticencia de los científicos actuales a aceptar las pruebas al respecto? ¿Concluiríamos que los físicos del siglo XXI estaban demasiado apegados a sus creencias? ¿Que, motivados por consideraciones acientíficas, no eran más que un montón de einsteinianos testarudos, aferrados a una idea por tradición y autoridad?

Queremos creer que los científicos de hoy recibirían un tratamiento más justo. A fin de cuentas, su reserva a abandonar ideas de apariencia sólida —por más que estas siempre puedan demostrarse falsas— se funda en razones científicas, no en meros prejuicios.

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