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1 de Diciembre de 2014
Biología vegetal

La microbiota de la raíz

Un aliado fundamental para la defensa y nutrición de las plantas.

En una sección transversal de la raíz se observan los distintos tipos de tejidos vegetales que la conforman: exodermis (verde), parénquima (azul) y cilindro vascular (centro). [JAVIER VELOSO]

Las raíces constituyen uno de los ecosistemas más diversos de la Tierra. Algunos de los microorganismos que alberga el suelo se asocian con ellas y forman la rizosfera. En esta capa de suelo que rodea a la raíz, no superior al milímetro de espesor, las comunidades microbianas son distintas de las del resto del bioma edáfico.

La microbiota radicular ejerce un papel fundamental en la nutrición de la planta y en su defensa frente a las enfermedades. Al igual que la microbiota intestinal de los humanos, las bacterias y hongos que tapizan la superficie de la raíz aumentan la capacidad de la planta para obtener nutrientes y la protegen frente a los microorganismos patógenos.

Las raíces establecen redes de intercambio con hongos, los cuales amplían la superficie de absorción y suministran a la planta sustancias minerales a cambio de hidratos de carbono. Otros microbios con los que se asocian sintetizan enzimas hidrolíticas que ayudan a solubilizar los fosfatos y otros nutrientes minerales del suelo, lo que permite su asimilación por las plantas. Las enzimas ayudan también a erosionar las rocas y facilitan la penetración de las raíces.

La microbiota protege a la planta de los patógenos microbianos principalmente mediante dos mecanismos. Por un lado, impide que estos colonicen las raíces, ya que compite con ellos por los nutrientes, o los destruye antes de que puedan causar infecciones. Por otro lado, la microbiota desencadena una respuesta específica en la planta, la resistencia inducida, la cual estimula la capacidad del sistema inmunitario vegetal para hacer frente a los organismos perjudiciales.

Algunas de las especies beneficiosas de la rizosfera se emplean en la agricultura para incrementar el rendimiento del suelo y potenciar el crecimiento de los cultivos sin necesidad de usar suplementos minerales [véase «Tierra prodigiosa», por Richard Conniff; Investigación y Ciencia, noviembre de 2013]. Además, al mitigar la incidencia de las enfermedades vegetales, se reduce la aplicación de plaguicidas, de modo que los alimentos contienen menos sustancias potencialmente perjudiciales para la salud humana. En nuestro grupo estamos investigando la ventaja de añadir ciertas cepas de hongos presentes en el suelo, en concreto del genero Fusarium, para proteger plantas de cultivo.

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