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  • Marzo 2019Nº 510
Filosofía de la ciencia

Filolofía de la ciencia

Popper y Kuhn sobre el progreso científico

¿Innumerables refutaciones o unas pocas revoluciones?

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El 13 de julio de 1965 se celebraba en Londres el simposio «Criticism and the growth of knowledge». Fue en aquel acto donde se inició el famoso debate entre el filósofo Karl Popper y el historiador de la ciencia Thomas S. Kuhn en torno al progreso científico, debate que ha marcado todos los modelos contemporáneos sobre cómo y por qué unas teorías son sustituidas por otras.

Popper había publicado en 1959 The logic of scientific discovery (La lógica de la investigación científica, Tecnos, 1962), disponible desde 1934 pero solo en alemán. Kuhn acababa de publicar en 1962 The structure of scientific revolutions (La estructura de las revoluciones científicas, Fondo de Cultura Económica, 1971), que iniciaba el giro historicista al que se sumarían Lakatos, Feyerabend, Hanson, Toulmin y también Laudan una década más tarde.


El falsacionismo de Popper

Según Popper, la ciencia avanza a través de hipótesis audaces y falsaciones severas. En la imagen decimonónica, la ciencia parte de hechos para inferir desde ahí teorías. Popper, en cambio, defiende que partimos siempre de alguna teoría previa, que orienta nuestra atención hacia unos hechos más que hacia otros, y por medio de esa teoría intentamos solucionar problemas. Desde esta perspectiva, los momentos del progreso científico serían cuatro.

Primero nos enfrentamos a los problemas, ya sean prácticos (¿Cómo curo esta gripe?) o teóricos (¿Qué es la gripe?). Después proponemos hipótesis a modo de soluciones tentativas. Dichas hipótesis son entidades abstractas que se corresponden con enunciados, desde «Todos los cisnes son blancos», hasta la ley de gravitación de Newton. El modo como inventamos las hipótesis es, según Popper, un misterio. En tercer lugar, una vez que las hipótesis han sido formuladas, el verdadero científico trata de falsarlas una a una hasta quedarse con la que mejor resista a la crítica. La crítica en cuestión puede basarse en criterios como la coherencia o la simplicidad, aunque lo más característico de la ciencia empírica es que se base en la experiencia, es decir, en observaciones y experimentos. Por último, el científico descubre que la hipótesis corroborada por la crítica genera nuevos problemas, con lo que el ciclo del progreso científico vuelve a empezar.

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