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  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2019Nº 510
Libros

Reseña

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Steven Weinberg: de lo cósmico a lo humano

Reflexiones sobre ciencia, historia y cultura de uno de los físicos y comunicadores más brillantes de las últimas décadas.

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THIRD THOUGHTS
Steven Weinberg
Harvard University Press, 2018

Steven Weinberg es, además de uno de los grandes físicos teóricos de la segunda mitad del siglo XX, una de las referencias intelectuales de la cultura estadounidense contemporánea. En las últimas tres décadas han sido frecuentes sus intervenciones públicas acerca de cuestiones científicas, culturales, sociales y políticas. Y, entendiendo la ciencia como una parcela más de la cultura, Weinberg ha sentido siempre la responsabilidad de hacerla accesible a un público amplio, dando además a sus lectores el crédito intelectual que merecen. El resultado han sido obras como Los tres primeros minutos del universo, un clásico de la divulgación científica que, cuarenta años después, sigue siendo una de las cumbres indiscutibles de este género.

En la estela de dos de sus títulos anteriores, Facing up (2001) y Lake views (2009), Weinberg nos ofrece en Third thoughts una recopilación de artículos y conferencias. Aunque la mayoría han aparecido publicados en varios medios (uno de ellos, «El problema de la mecánica cuántica», se publicó en esta revista en agosto de 2017), el libro incluye algunas contribuciones inéditas. Los temas tratados son amplios: la física de partículas y su futuro, la posibilidad del multiverso, el desconcertante mundo cuántico o el papel que desempeña la idea de simetría en la física teórica actual. Asimismo encontramos enriquecedoras discusiones sobre las similitudes entre la investigación científica y la creación artística.

En otros artículos más personales, el autor habla de su decepción tras el primer mandato de Barack Obama —que, desde su perspectiva liberal, fue una oportunidad perdida— y de su abstención en las elecciones presidenciales de 2012; de su opinión sobre el papel del mecenazgo privado en la vida cultural estadounidense o de sus vivencias como neoyorkino instalado en Texas.

Una cuestión presente en el libro es el papel de las grandes instalaciones como motor del progreso en física de partículas y cosmología. El compromiso del autor con la «gran ciencia» se remonta a su apoyo al Supercolisionador Superconductor (SSC), el gigantesco acelerador proyectado en Texas y que debería haber alcanzado energías casi tres veces superiores a las del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN. En su momento, Weinberg defendió con vehemencia el proyecto ante el Congreso de EE.UU., a pesar de lo cual fue cancelado definitivamente en octubre de 1993.

El autor nos advierte de que las dificultades presupuestarias a las que se enfrenta la gran ciencia —y que previsiblemente aumentarán en el futuro— no solo son consecuencia de una insuficiente percepción pública de la importancia de la investigación. La puesta en marcha de grandes experimentos depende también de una correcta cultura fiscal que permita el gasto público en áreas vitales: sanidad, educación y ciencia. Es interesante que su defensa de la gran ciencia no impide a Weinberg criticar las misiones espaciales tripuladas, las cuales considera —no sin motivo— un dispendio sin beneficios científicos apreciables.

La historia de la ciencia es otra de las cuestiones centrales de Third thoughts. En particular, la polémica surgida tras la aparición de su libro Explicar el mundo (Taurus, 2015), en el que relataba el desarrollo de la física desde la Grecia clásica hasta Isaac Newton. Entonces Weinberg fue criticado por defender una interpretación anacrónica, más conocida como whig, de la historia de la física. En esta, los desarrollos son valorados en función de su relevancia para la ciencia actual, y no desde la perspectiva de las ideas sobre la naturaleza dominantes en cada momento histórico.

Ese punto de vista no solamente inspira Explicar el mundo, sino que ya había sido defendido por el autor en artículos recopilados en Facing up. Según Weinberg, al ser la ciencia —y la física en particular— progresiva y acumulativa, su historia tiene que estudiarse necesariamente desde la perspectiva de cómo las ideas y las teorías de cada período han contribuido a acercar la disciplina a su estado presente. Por eso, califica en Third thoughts de «absurdo» juzgar una teoría científica solamente por su éxito para dar respuesta a los problemas de la época en que fue formulada.

El indiscutible carácter progresivo de la ciencia parece apoyar esa interpretación anacrónica de su historia, algo difícil de mantener en la historia de las ideas en general. Sin embargo, no podemos olvidar que el historiador de la ciencia aspira a entender esta en un entorno cultural y en un período histórico concretos. Y, para ello, resulta ineludible valorar en qué medida una teoría resuelve o simplemente aborda los problemas considerados relevantes en el momento y en el lugar en el que fue formulada, evitando introducir motivaciones que no podían estar en la cabeza de sus autores.

En realidad, ambos puntos de vista sirven a propósitos muy distintos. Por eso, más interesante que ahondar en el debate es intentar entender las razones por las que Weinberg se adhiere a dicha postura. Lo primero que hemos de tener en cuenta es que él no es ni se considera un historiador de la ciencia. Como explicó hace años, aunque «trabaja en el país de la física», le encanta «visitar el de la historia como turista». Pero estos «viajes» no están motivados por un interés intrínseco en la historia de la física, sino que tienen un carácter claramente instrumental. Por una parte, en su faceta de comunicador de la ciencia, la historia se le presenta a Weinberg como un método muy eficiente para introducir la física a audiencias sin formación científica. Por otra, como investigador en física de partículas, se halla convencido de que conocer la evolución de la física a lo largo de los siglos ayuda a los científicos a entender el trabajo que llevan a cabo hoy, situándolo dentro de un contexto histórico.

Que la historia de la física proporciona una manera muy sugerente de introducir conceptos e ideas es algo que sabemos bien quienes nos enfrentamos a la docencia o la divulgación de esta ciencia. Pero es precisamente el uso propedéutico que hacemos de la historia el que nos obliga a asumir una perspectiva anacrónica. Al fin y al cabo, si el objetivo consiste en iluminar nuestro conocimiento actual, tiene completo sentido mostrar el pasado desde el punto de vista del presente.

Esta actitud puede ser apropiada para el docente y el divulgador, pero no para el historiador de la física. Por ello, la polémica que Weinberg analiza en Third thoughts es en cierta medida espuria y resulta de una doble pretensión: por una parte, que investigadores y comunicadores de la física se conviertan en historiadores y asuman metodologías que no están ajustadas a sus objetivos; por otra, que el historiador de la ciencia deje de hacer historia y se limite a confeccionar metanarrativas.

Como todos los libros de Steven Weinberg, Third thoughts está escrito en una prosa clara y elegante. El lector no solo disfrutará de amenas e interesantes discusiones sobre ciencia, historia y cultura, sino que se verá arrastrado a pensar con el autor sobre estos temas. Es por ello una lectura altamente recomendable.

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