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1 de Marzo de 2019
Historia de la ciencia

Volta, Ørsted y Ampère

Un recorrido por los instrumentos y los experimentos que llevaron al nacimiento del electromagnetismo.

Volta experimentando con la pila y otros instrumentos científicos en su laboratorio, por Alessandro Rinaldi. [CORTESÍA DE J. M. SÁNCHEZ RON]

La ciencia busca establecer leyes lo más generales posible a las que obedezcan los fenómenos que se dan en la naturaleza. Esta es la tarea a la que se dedican, básicamente, los científicos teóricos. Sin embargo, es imposible encontrar tales leyes sin mirar lo que sucede, esto es, sin realizar experimentos. La naturaleza es mucho más «imaginativa» que la más fecunda y creativa de las mentes humanas. Y si hablamos de experimentos, hay que hacerlo de instrumentos. Los hay y ha habido de todo tipo, desde las humildes reglas de medir hasta los gigantescos y complejos aceleradores de partículas o telescopios espaciales, pasando por otros menos abrumadores como termómetros, telescopios, microscopios, barómetros o ultracentrifugadoras. Todos ellos han abierto puertas al conocimiento de la naturaleza antes vedadas. De uno de ellos, cuya repercusión fue extraordinaria, me voy a ocupar aquí: la pila (o batería) eléctrica inventada en 1800 por el físico de la Universidad de Pavía Alessandro Volta (1745-1827).

Alessandro Volta

En realidad, lo que hizo Volta fue reaccionar ante los resultados obtenidos por el médico Luigi Galvani (1737-1798). En 1786, mientras estudiaba la influencia de la electricidad en la irritabilidad de los nervios de animales, Galvani observó que cuando los nervios lumbares de una rana muerta se comunicaban con los músculos crurales por medio de un circuito metálico, estos se contraían violentamente. Sabedor al menos desde 1780 de que las descargas producidas en máquinas eléctricas daban lugar a conmociones análogas sobre ranas muertas, Galvani atribuyó el fenómeno que observó en 1786 a la existencia de una electricidad inherente al animal, que, en su opinión, era «producida por la actividad del cerebro, y extraída muy probablemente de la sangre, y transmitida a los músculos a través de un fluido eléctrico», como manifestó en su libro Viribus electricitatis in motu musculari («Comentario sobre los efectos de la electricidad en el movimiento muscular», 1791).

La tesis de Galvani fue criticada por Volta, que advirtió que las contracciones musculares eran mucho más enérgicas cuando el vínculo entre las dos partes de la rana estaba formado por dos metales unidos. Dedujo, en consecuencia, que la electricidad se producía en el contacto entre ambos metales y que las partes animales no desempeñaban más papel que el de conductores, sirviendo al mismo tiempo como detectores de electricidad muy sensibles. En base a esta idea, construyó un «generador de electricidad», completamente diferente a la botella de Leiden. Se componía de una serie de discos apilados unos sobre otros en la estructura siguiente: un disco de cobre, otro de cinc, una rodaja de paño empapada en agua acidulada, luego un disco de cobre, otro de cinc, una nueva rodaja de paño, y así sucesivamente en el mismo orden, cuidando de sostener los discos mediante tres cilindros aislantes de vidrio. Se trataba de un instrumento revolucionario, ya que producía corriente eléctrica de manera continua, y no mediante descargas. Ello abría de par en par las puertas al estudio de los fenómenos eléctricos.

Para difundir su invención, Volta escogió el formato de una carta, pero una para hacerla pública, no limitada a un único corresponsal. La envió a Joseph Banks, presidente de la Real Sociedad inglesa, quien hizo que se publicase (en su original francés, aunque bajo el título en inglés «On the electricity excited by the mere contact of conducting substances of different kinds») en las Philosophical Transactions de la Sociedad. Enseguida fue traducida al inglés para su publicación en el Philosophical Magazine.

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