Cortesía de Eva De Mas Castroverde

El cortejo de las arañas es un asunto sumamente delicado. Las hembras de algunas especies acaban devorando a los pretendientes que no les placen y los zoólogos llevan décadas intentando averiguar el motivo. Un experimento con una araña lobo ibérica revela que todo podría depender del temperamento de la dama.

Una araña virgen no puede estar segura de cuántas oportunidades tendrá para aparearse. Cada macho podría ser el último y si los devora a todos nunca consumará el acto de la procreación. ¿Por qué asume ese riesgo? Una posibilidad es que las hembras sean exigentes y devoren a todos aquellos machos que no son grandes y vigorosos, dotados de buenos genes. Otra posibilidad es la hipótesis del frenesí agresivo: el instinto cazador de algunas de ellas resulta tan fuerte que se torna en agresividad contra los machos. Estas hembras pueden acabar devorando incluso a los aspirantes aptos.

Para saber más sobre las arañas caníbales, investigadores de la Estación Experimental de Zonas Áridas del CSIC en Almería, capturaron a 80 hembras jóvenes de la araña lobo Lycosa hispanica y las alimentaron a placer durante su maduración. Algunas hembras engordaron con más rapidez que otras. «Dada la abundancia de presas, dedujimos que el ritmo de crecimiento de la hembra dependía enteramente de su voracidad», afirma Rubén Rabaneda Bueno, autor principal del estudio, que se publicó en Ethology.

Una vez alcanzaron la edad adulta, los investigadores introdujeron un macho en el recinto de cada una. Los machos devorados eran repuestos por otros. La mayoría de las caníbales eran exigentes: mataban a los machos enclenques y copulaban con los más gallardos. «Pero observamos que un pequeño grupo devoraba a todos los compañeros sin distingos. Eran muy agresivas», describe Jordi Moya Laraño, coautor del estudio.

Las más agresivas mataban por igual a los machos vigorosos y a los escuálidos. Se trataba de las que habían crecido más deprisa, lo que indicaba que se habían mostrado más voraces contra las presas. «En este estudio se ha observado una clara relación entre un rasgo del temperamento de la hembra —la voracidad— y la agresividad hacia el sexo opuesto», asegura Rabaneda Bueno. «Los resultados demuestran que la personalidad de la hembra puede decidir el desenlace de los encuentros amorosos en las especies con canibalismo sexual.»

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