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1 de Abril de 2014
Salud pública

Riesgos de la inhalación de disolventes orgánicos

Sea prolongada o puntual, la exposición a ciertas sustancias volátiles resulta perjudicial para nuestra salud.

©Gregorbister/Thinkstock

En síntesis

La inhalación intencionada de vapores de disolventes de gasolina, pegamentos y otras sustancias volátiles es un comportamiento de riesgo ampliamente reconocido como un problema de salud pública.

Sin embargo, aún no se conocen bien las consecuencias de la exposición a cantidades pequeñas de estos vapores. En este artículo se explora una serie de métodos para modelizar los efectos de cuatro disolventes comunes sobre el comportamiento.

Los resultados indican que las muertes debidas a accidentes de tráfico relacionadas con la inhalación involuntaria de bajas concentraciones de vapores de disolventes podrían equipararse al número de muertes por leucemia derivadas de la exposición al benceno.

Darel despertó de su sueño, en el que luchaba contra lagartos iridiscentes, sediento y con una fría sensación de rigidez. El dolor de cabeza y el hormigueo en sus oídos, ya familiares, se mezclaban con la confusa luz solar marrón que llegaba a través de la bolsa de papel que cubría su rostro. Estiró las piernas e intentó alcanzar una silla. El temblor se había incrementado. Trató de agarrarse a la silla para ponerse de pie, pero no podía mantener quietas las manos y se sentía inmóvil más allá de las caderas. Tras caer al suelo, esperó a que su cuerpo se tranquilizara. Al cabo de poco apareció su hermano. «¿Otra vez?», dijo, «voy a llevarte al médico».

Lars se acercó a la rotonda que había entre su casa y el taller de pintura donde había trabajado toda la vida. Tras rodear el círculo, se dirigió hacia la salida. Pero entonces dudó: ¿es esta o la siguiente? ¿Hacia dónde voy? ¿Al trabajo o a casa? La confusión le hizo continuar en la rotonda. Miró hacia el asiento de al lado y vio la fiambrera que contenía su almuerzo. ¡Ah! ¡Era por la mañana e iba a trabajar!

Marcie se detuvo en la gasolinera con su nuevo automóvil. Adele jugaba con el chupete y miraba desde el asiento cómo su madre se disponía a llenar el depósito. Accidentalmente, Marcie apretó el mango de la máquina expendedora y un poco de gasolina salpicó el coche y uno de sus zapatos. Al poco, Adele empezó a gemir, así que Marcie se puso en el asiento trasero junto a ella y la tranquilizó. Pudo notar el olor dulzón de gasolina mientras calmaba a su hija, quien se quedó dormida de regreso a casa.

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