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1 de Marzo de 2003
Informática

Nanounidades de memoria

Inventar un dispositivo nanotecnológico que se produzca industrialmente y les resulte útil a los consumidores es más complicado de lo que parece.

Muchos ingenieros conocen la emoción de haber diseñado un producto nuevo que luego se utiliza por doquiera. Esperamos gozar dentro de tres años —creemos tener más de la mitad de las bazas a nuestro favor— un placer más raro: sacar a la venta un tipo de máquina del todo nuevo.

Se habla mucho de nanotecnología en estos tiempos, la nueva frontera donde los entresijos de las máquinas no miden más que unas milmillonésimas de metro. La investigación en sistemas microelectromecánicos (SMEM) —dispositivos de piezas móviles microscópicas fabricadas con las mismas técnicas con que se construyen los chips informáticos— ha armado un gran revuelo, pese a que no ofrece todavía muchos productos comerciales. Como podemos atestiguar, ya que hemos invertido hasta ahora seis años en uno de los primeros proyectos encaminados a crear un dispositivo nanomecánico que pueda fabricarse en masa, a escalas tan diminutas la ingeniería y la investigación científica se mezclan de modo inextricable. Obstáculos inesperados aparecen en el camino que media entre los experimentos que indagan principios fundamentales, los prototipos operativos y, en última instancia, un producto que se venda bien.

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