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1 de Diciembre de 2008
Microbiología

Plancton bacteriano de los océanos

Comenzamos a entender la importancia de este grupo de organismos, que destaca por su abundancia, funciones ecológicas y gran diversidad.

© istockphoto / serghei starus (foto); gehirn & geist / stefanie schmitt (liustración)

En síntesis

Los océanos constituyen un extenso ecosistema que contiene una biomasa microbiana equiparable a la de plantas y animales.

El bacterioplancton incluye una gran diversidad de organismos de los dominios Bacteria y Archaea.

La actividad de estos microorganismos resulta esencial para los ciclos biogeoquímicos de la biosfera.

Merced al estudio de los microorganismos en su ambiente natural, se han descubierto nuevas vías metabólicas que se desarrollan en el ecosistema marino, quizás el de mayor extensión en la Tierra.

Las bacterias se han considerado a menudo meros seres primitivos, simples y mínimos. ¿Es cierto? Al tratarse de organismos unicelulares, presentan, sin duda, un tamaño muy reducido. Pero su supuesta simplicidad es solo aparente: su complejidad no se manifiesta en forma de variedad morfológica, sino a través de una amplia diversidad de estrategias metabólicas. Proliferan en ambientes cuyas condiciones fisicoquímicas y fuentes de energía evidencian una llamativa variabilidad. Tampoco se los cataloga entre los organismos primitivos, si atendemos a su facilidad para intercambiar información genética y a su notable capacidad de adaptación.

Las bacterias se hallan sometidas a presiones evolutivas distintas de las que afectan a los eucariotas, de mayor complejidad morfológica. Se han adaptado a todos los medios. Los océanos forman un vasto espacio en la biosfera donde las bacterias proliferan y dominan, en número y actividad, sobre otros organismos. Dada la extensión de los océanos, las funciones ecológicas de las bacterias que allí medran revisten suma importancia para la vida en la Tierra.

Los océanos ocupan el 71 por ciento de la superficie del planeta. Su profundidad media ronda los 4000 metros y la máxima es de 11.000 metros. La salinidad es elevada (35 gramos por litro), básico el pH (entre 8,3 y 8,5) y gélida la temperatura media (4oC). Por debajo de la zona de acción de la luz solar, la zona fótica, la temperatura fluctúa entre 0o y 5oC, con la excepción de los mares cerrados como el Mediterráneo. En las regiones polares existe agua líquida por debajo de 0oC; ello se debe a la presencia de sal, que reduce el punto de congelación a –1,8oC. La mayor parte del volumen oceánico corresponde al mar abierto. Se trata de un ambiente en apariencia homogéneo, con cierta estratificación de masas de agua que se mezclan lentamente debido al flujo de corrientes, circulaciones verticales y mareas en zonas costeras.

En el medio acuático escasean los nutrientes. Es un medio oligotrófico. Elementos como el nitrógeno, el fósforo y el hierro resultan esenciales para los seres vivos y limitan, por tanto, la producción oceánica. En la zona más productiva, la superficie, esos nutrientes se encuentran en concentraciones inferiores a 1 gramo por cada 1000 litros. Existen fenómenos, naturales y antropogénicos, que incrementan las concentraciones de nutrientes; pero se trata de episodios efímeros, dado que el plancton bacteriano y las algas consumen rápidamente los nutrientes. Las zonas profundas se hallan sometidas a una gran presión hidrostática y a temperaturas inferiores a las superficiales. Son afóticas (no llega la luz). Al no producirse la fotosíntesis, la concentración de carbono orgánico es menor que en la superficie.

Las bacterias oceánicas presentan adaptaciones para multiplicarse en ese medio, en el que se mueven erráticamente, a merced de las corrientes de agua. Debido a su número, diversidad y actividad, el bacterioplancton constituye una pieza fundamental del entramado biológico oceánico.

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