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1 de Diciembre de 2019
Comportamiento animal

Lucha animal

Una idea arraigada sostiene que todos los animales saben evaluar la capacidad de lucha de los rivales. Investigaciones recientes la han refutado.

VINCE BURTON/ALAMY

En síntesis

Durante tiempo se había creído que, en las competiciones por los recursos, todos los animales evaluaban la capacidad para la lucha de sus oponentes en comparación con la suya, una estrategia conocida como evaluación mutua.

Pero varios estudios realizados en la pasada década han revelado que numerosos animales utilizan distintas estrategias para decidir si pelear o retirarse. Muchos parecen poder evaluarse a sí mismos, pero no a sus rivales.

No está del todo claro qué determina la estrategia que seguirá un animal, pero es muy posible que la capacidad cognitiva ejerza un papel esencial. La evaluación mutua parece ser cognitivamente más compleja que otras tácticas.

En una escena de África, serie documental de la BBC de 2013, una jirafa se acerca desde la lejanía, deambulando sobre la arena dorada del Kalahari. «Es un joven macho», nos aclara el narrador, David Attenborough. El recién llegado se dirige hacia otra jirafa mientras en la banda sonora suena un tema que recuerda a los duelos de las películas del Oeste. «El viejo macho no piensa admitir a ningún rival», advierte Attenborough mientras las jirafas empiezan a enfrentarse. «Al empujarse y zarandearse, se miden las fuerzas mutuamente. El joven rival cree tener posibilidades y ataca.» Momentos después, golpea con su poderoso cuello al macho viejo. La lucha ha comenzado: una batalla sangrienta por el territorio. «Se juegan mucho. Perder significa exiliarse al desierto», añade Attenborough.

Los documentales sobre vida salvaje suelen incluir escenas de animales enfrascados en agresivas contiendas. No resulta sorprendente, ya que ofrecen escenas muy dramáticas. Pero ¿se ha preguntado el lector sobre los procesos de toma de decisiones que hay detrás de estos encuentros? Hemos tenido la suerte de poder dedicar una gran parte de nuestra carrera científica a este fascinante tema. Y nuestro trabajo ha dado como resultado algunos descubrimientos sorprendentes sobre lo que piensan los animales cuando se enfrentan con otros.

Los animales compiten por recursos como el territorio, el alimento y las parejas sexuales. En ocasiones, estos enfrentamientos son de carácter leve y nadie sufre daños físicos. Pero en otras sí que son violentos y acaban causando lesiones graves o incluso la muerte a algún contendiente. La consecuencia final es una distribución desigual de los recursos, lo que tiene efectos importantes en la eficacia reproductiva y, por tanto, impulsa la evolución. Un animal que recabe información puede salir ganando al no inmiscuirse en peleas potencialmente mortales con oponentes de más tamaño y más fuertes que él.

Los humanos somos extraordinariamente hábiles a la hora de evaluar la capacidad luchadora de los demás y aprendemos pronto a no buscar peleas con individuos más grandes que nosotros. En las pruebas de laboratorio, las personas calibran la fortaleza de un hombre después de ver brevemente fotografías de su torso o cara, o de escuchar su voz. El juicio es espontáneo: los miembros de ambos sexos lo deciden en menos de 50 milisegundos. Esta capacidad pone de manifiesto la importancia para la evolución humana de realizar evaluaciones precisas de los oponentes.

¿Son tan buenos como nosotros el resto de los animales a la hora de evaluar a los rivales? Los documentales como los que narra con tanta elocuencia Attenborough suelen describir las motivaciones de los contendientes y dan a entender que sí. Pero, en comparación, pocas especies han demostrado que realicen esta clase de evaluaciones. De hecho, nuestra propia investigación sugiere que utilizan diferente información cuando deciden si han de competir o no.

Demostración de fuerza

Los animales suelen protagonizar rituales antes de involucrarse en un enfrentamiento. Por ejemplo, los ciervos macho que compiten por las hembras llevan a cabo elaborados enfrentamientos con bramidos (lo que se conoce como brama o berrea), y se exhiben uno frente a otro realizando una suerte de «paseo en paralelo». Estos comportamientos se han interpretado a menudo como una forma de que cada uno muestre información al otro para que la evalúe. Si la exhibición permite resolver el enfrentamiento, no será necesario enfrascarse en una pelea en la que es muy posible salir herido o incluso morir. Según esta idea, es mejor gastar energía durante un breve espacio de tiempo para que el oponente que se perciba como el más débil pueda retirarse. Semejante conducta, denominada evaluación mutua, resulta fundamental para un modelo de la teoría de juegos sobre la lucha conocido como evaluación secuencial.

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