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1 de Diciembre de 2019
Medicina

Plasma contra el cáncer

Un bisturí de alta energía permite destruir las células tumorales resistentes.

El bisturí de plasma destruye las células cancerosas. [JEROME CANADY, INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN DE CIENCIAS TECNOLÓGICAS Y BIOLÓGICAS AVANZADAS]

Cuando el cirujano extirpa un tumor pueden quedar células malignas que actúen como el germen de otro nuevo. Acaba de comenzar el primer estudio clínico con un nuevo instrumento con el que se espera acabar con esas células recalcitrantes: el bisturí de plasma.

Del tamaño de un bolígrafo, el ingenio emite un fino chorro de helio cuyas partículas cargadas brillan con un vivo tono violeta. El electrodo situado en la punta divide los átomos de ese elemento convirtiéndolos en un haz de plasma de iones positivos y electrones.

A diferencia del plasma solar, los iones del bisturí se mueven con relativa lentitud, por lo que el chorro se percibe al tacto como una brisa fresca. Pero, en realidad, los electrones rebosan de energía y transforman el oxígeno y el nitrógeno del aire en especies reactivas, como el superóxido, el óxido nítrico o el oxígeno monoatómico. Estas interrumpen reacciones esenciales del metabolismo y entorpecen la división celular, y se ha visto que tales efectos perjudican mucho más a las células cancerosas que a las sanas. Durante la operación, el bisturí solo puede aplicarse breves minutos en el lecho tumoral, explica Jerome Canady, cirujano de Washington D.C. y miembro del equipo de inventores. «Pulverizamos la zona con el plasma para matar todos los tumores microscópicos.»

El plasma frío ya se emplea para combatir infecciones y esterilizar heridas, y el más energético corta limpiamente los tejidos y los cauteriza. Hace tiempo que se andaba detrás de su aplicación contra el cáncer, por lo que el nuevo estudio supone un hito importante, según Mounir Laroussi, que investiga los efectos biológicos del plasma frío en la Universidad Old Dominion: «Es un gran paso adelante».

En los últimos años, los facultativos habían usado estos bisturíes de plasma en tres pacientes oncológicos con fines compasivos, tras el fracaso de los demás tratamientos. Canady explica que el plasma mató las células malignas residuales de esas personas. Pero todavía falta que un estudio clínico en regla aporte datos vitales sobre la seguridad y los efectos a largo plazo, como él y sus colaboradores han empezado a hacer. En el ensayo, pretenden operar con el bisturí a 20 pacientes con tumores sólidos avanzados, de páncreas, ovario o mama.

Laroussi aclara que se tardó más de una década de trabajos de laboratorio con cultivos celulares y animales para preparar el uso clínico del bisturí de plasma. Ha sido preciso identificar las sustancias que genera, medir su penetración en los tejidos y saber de qué modo altera las células tumorales. «Hay que aplicarlo con mesura, pues de lo contrario acabaría destruyendo tanto células cancerosas como sanas.» Espera que el estudio demuestre que es posible ajustar finamente el instrumento para que no cause daños.

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