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1 de Diciembre de 2019
Historia de la ciencia

Von Humboldt: el científico universal

Movido por un profundo deseo de comprender el mundo, Alexander von Humboldt recorrió el planeta para estudiar la naturaleza y los pueblos.

Friedrich Heinrich Alexander von Humboldt. Grabado de D.J. Pound (1859) a partir de una pintura de C. Begas (1840). [COLECCIÓN WELLCOME. creativecommons.org/licenses/by4.0/legalcode]

Con raras excepciones, los científicos se especializan en una sola disciplina; más aún, en una parcela de ella. Una de esas excepciones fue Alexander von Humboldt (1769-1859), de cuyo nacimiento se cumple este año el 250o aniversario. Su manera de estudiar la naturaleza no conocía fronteras. Fue una peculiar combinación de viajero, aventurero, científico, político, antropólogo e incluso filósofo. Quería conocer y comprender el mundo terrestre —sin dejar de lado el «cósmico»—, pero de una forma global, no especializándose en ningún pequeño rincón de ella, por mucho que su importancia fuese fundamental. Tuvo, además, todo para brillar en la vida. Todo, porque nació en el seno de una familia acaudalada perteneciente a la pequeña nobleza prusiana, que le permitió recibir una buena educación, aunque bastante solitaria al depender esta, al principio sobre todo, de tutores en la mansión familiar. Soledad atemperada por la compañía de su hermano, «el otro gran Humboldt»: Wilhelm von Humboldt (1767-1835), estadista, educador y lingüista recordado especialmente por haber fundado la Universidad de Berlín.

Autobiografía para Carlos IV

Uno de los episodios más importantes de la vida de Alexander von Humboldt fue el viaje que realizó por América del Sur durante cinco años: desde el 5 de junio de 1799, cuando el barco en el que se trasladó zarpó del puerto de La Coruña, hasta el 1 de agosto de 1804, cuando llegó a Burdeos. Sin embargo, para viajar por los territorios americanos de la corona española, los extranjeros necesitaban un permiso real. Gracias a semejante obligación disponemos de una pequeña autobiografía del entonces joven Humboldt, contenida en la carta que desde Aranjuez dirigió al rey de España, Carlos IV, el 11 de marzo de 1799, pidiéndole permiso para viajar a los reinos españoles en América. De ella son los siguientes pasajes:

Después de haber disfrutado de una educación muy cuidada en la casa paterna y de la enseñanza de los sabios más distinguidos de Berlín, terminé mis estudios en las universidades de Gotinga y Fráncfort. Destinado entonces a la carrera de hacienda, estuve durante un año en la Academia de Comercio de Hamburgo, establecimiento dedicado tanto a la instrucción de negociantes como a la de personas que debían servir al Estado en la dirección del comercio, de los bancos y de las manufacturas. El éxito poco merecido que tuvo mi primera obra sobre las montañas basálticas del Rin hizo desear al jefe de nuestras minas […] que me ofreciese al servicio de su departamento. Hice por entonces un viaje de mineralogía y de historia natural por Holanda, Inglaterra y Francia, bajo la dirección de George Forster, célebre naturalista que había dado la vuelta al mundo con el capitán Cook. A él debo los pocos conocimientos que poseo. A la vuelta de Inglaterra aprendí la práctica de la minería en Freiberg y en Harz.

Algunos descubrimientos que hizo entonces sirvieron para que el rey lo enviase a Polonia y al sur de Alemania para estudiar minas de sal gema, misión en la que también se distinguió y que le reportó el nombramiento de director de minas de los Margraviatos de Franconia (una de las regiones de Baviera). Sus obligaciones en ese cargo le permitieron «visitar la alta cadena de los Alpes, el Tirol, la Saboya y el resto de la Lombardía». Pero también se vio involucrado en misiones de índole política: cuando las tropas francesas avanzaron hacia Franconia, fue enviado al cuartel general de Moreau para negociar sobre la neutralidad de algunos príncipes del Imperio, cuya protección había asumido el rey. Pero él deseaba hacer otras cosas, vivir una vida diferente:

Teniendo un ardiente deseo de ver otra parte del mundo y de verla con la referencia de la física general, de estudiar no solamente las especies y sus caracteres, estudio que se ha hecho casi exclusivamente hasta hoy día, sino la influencia de la atmósfera y de su composición química sobre los cuerpos organizados; la formación del globo, las identidades de las capas (estratos) en los países más alejados unos de otros, en fin, las grandes armonías de la naturaleza, tuve el deseo de dejar por algunos años el servicio del rey y de sacrificar una parte de mi pequeña fortuna al progreso de las ciencias. Solicité mi licencia, pero S.M., en lugar de concedérmela me nombró su Consejero Superior de Minas, aumentando mi pensión y permitiéndome hacer un viaje de historia natural.

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