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Materiales críticos

El acceso a una energía limpia y asequible depende de sustancias poco conocidas.

ROSS MAcDONALD

La era del silicio entraña un problema: sus poderes dependen de elementos mucho más escasos que la arena de playa. Algunos se hallan, sencillamente, en cantidad limitada; muchos de nosotros ni siquiera hemos oído hablar de ellos. Aun así, se han convertido en factores clave en materia de economía ecológica. Elementos de nombres tan extravagantes como itrio, neodimio, europio, terbio y disprosio constituyen componentes esenciales en la iluminación de bajo consumo, los imanes permanentes de alta potencia y otras técnicas. Y el galio, el indio y el telurio forman las finas películas fotovoltaicas de los paneles solares. El Departamento de Energía estadounidense (DOE) considera los cinco primeros elementos «materiales críticos», indispensables para los avances técnicos pero cuyo suministro corre peligro. Los expertos de este organismo siguen de cerca la producción mundial de los tres últimos elementos y de litio, que proporciona baterías para linternas de bolsillo y coches híbridos.

El año pasado, el DOE dio un paso fundamental al inaugurar el instituto de Materiales Críticos, un programa de 120 millones de dólares diseñado para evitar una posible falta de abastecimiento. Dirigido por el Laboratorio Ames de Iowa y respaldado por otros 17 laboratorios nacionales, universidades y empresas, el Instituto ha recibido muy buena acogida.

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